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Zinemaldia 2011. Sección Zabaltegi

··········Historia familiar de clase trabajadora en situación límite en el Londres que construye estadios para sus olimpiadas. A la manera de Ken Loach, pero algo más consabida y fácil, sin llegar nunca a la ñoñería.

··········Las cosas van sucediendo de manera más o menos previsible. Los malos son tontos y torpes, la pelea catártica (de uno contra muchos) es de saloon del far west, la policía es sabia y razonable, los servicios sociales son positivos y comprensivos. Y quienes se deslizan por el camino de lo ilegal (aquí mayormente el tráfico de drogas) lo hacen por sus propios defectos morales, no impelidos por el sistema. Dicho así, parece el reverso de Loach y, bueno, tampoco tanto; sí que hay el encontrarse en situaciones en la que cualquier salida es dañina, pero una es más justa y eficiente para con el más débil.

··········El público se emociona y aplaude a rabiar. Agradece temas que normalmente no se tratan mucho en los medios ni en el cine. Los protagonistas, además, son empatizables, sobre todo los dos adolescentes varones. La peli es dura, tiene tensión, acción y conflicto moral. Los autores también se emocionan con la reacción del público, y todos nos quedamos muy contentos.

··········Lo esencial de la peli es la asunción por el protagonista de su paternidad sobre unos chicos de los que ha pasado bastante. En el coloquio, el guionista dice que ese cambio ha sucedido en los ocho años de cárcel, pero en realidad son los hechos que van sucediendo después los que cambian sus planes y le enseñan que nuevo papel puede jugar en su familia. Lo cual es más humanamente comprensible –nuestras posturas morales como resultado más de nuestras interactuaciones que de nuestras convicciones- y argumentalmente más rico.

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