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Zinemaldia 2011. Sección Horizontes latinos

··········Película colombiana en la que lo más curioso es el tono: para una historia con un montón de cadáveres por medio, el desarrollo es casi de comedia, con algún toque surreal y abundantes elementos simbólicos.

··········En conjunto, no me gusta su factura: un ritmo que decae a menudo, principamente por extraños silencios y detenciones de los actores, que crean una situación de irrealidad (personas que de pronto no hablan, caras de asombro que se mantienen durante muchos segundos) que tiende a expulsarte de la historia.

··········A cambio, ésta es potente: a un campesino le aparecen en su maizal unas decenas de cadáveres y todos los poderes de la zona (especialmente los públicos) se limitan a intentar no hacerse cargo del asunto. Un simpático y buen comunicador actor, en el coloquio, nos subraya la carga simbólica de unos cadáveres que a veces abren sus ojos y miran a los demás personajes, reivindicando su existencia, cuando estos otros solo quieren desentenderse de os productos de la violencia. Y, a su vez, todos ellos se van viendo en la montaña de cadáveres. Pero ya digo que la potencia de la historia se malbarata un poco con esa especie de falta de soltura.

··········En el coloquio se habla un poco sobre la licitud del distanciamiento en una historia como la colombianda. El actor, brechtiano al fin, dice que hay un valor en la distancia, en bloquear la empatía, para poder ver con más claridad. Y nos recuerda un curioso adagio vietnamita de cuando su interminable guerra: si las lágrimas nublan tus ojos, no puedes apuntar bien.

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