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Zinemaldia 2011. Sección Zinemira

··········Sucede a veces que cuando oyes hablar al director de una peli, ésta baja en tu consideración. La película tiene una buena visión; la imagen especialmente, es elegante, estética, poderosa a veces en las tomas más cercanas. Pero la historia me parecía que pecaba de falta de desarrollo, historia de cortometraje, y de una antinaturalidad derivada de que al querer construir un protagonista hierático e intenso, se descabalan todas las relaciones con los demás personajes, realistas. No resulta comprensible ni creíble cómo todo el mundo interactúa con Robinson, sin que éste se digne dirigirles la palabra o al menos mirarles salvo en contadas ocasiones.

··········Pero es que cuando oyes al director… Ya empieza con eso de ‘he querido hacer una historia muy abierta’, que cada vez me suena más a ‘no sé lo que quería contar’, pero a partir de ahí, lo mismo cita a Bresson que a Jodorowski (quien le ha leído las cartas a la peli, con eso se dice todo), para acabar confesando que algo le rondaba la cabeza, que leyó el “Robinson Crusoe” de Defoe, que no le gustó y que por eso hizo la peli. Que no tiene nada que ver. La interpretación más generosa (aportada en parte por el público), es que el protagonista (un inmigrante africano recorriendo España) es un zombie que viene a vengar la muerte de su padre. Para el autor, el padre es Viernes, para nosotros no, porque nada nos cuentan del finado. En todo caso, el director dice que “entiendo mejor la peli al verla después de haberla hecho”.

··········Lo curioso, ya digo, es que la peli se ve bien. Hay una mirada antropológica sobre los paisanos de un pueblo, hay una historia familiar de éstos (no muy desarrollada, pero que ahí está), y hay una cámara y una fotografía vistosas. La conexión del protagonista con su padre muerto, por medio de ataques más o menos epilépticos, se malogra porque sólo sabemos que está muerto y que hay que vengarle.

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