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··········Una peli interesante sobre un tema bastante más universal que lo que haría parecer el origen para nosotros exótico de ésta: el acoso sexual callejero sobre las mujeres a cargo de desconocidos.

··········Aunque me parece correcta en las formas, es en ellas donde hay un par de cosas que no me gustan: la moda de la cámara temblona –perfectamente lógica y funcional en tomas en el interior de un autobús abarrotado y pedante y absurdas en un plano/contraplano de un matrimonio charlando en un portal-; y una de las actrices, que muchas veces está dos o tres tonos por encima de las otras y del momento concreto de la historia.

··········Me gusta lo apropiado en este caso de la moda -llamémosle “Iñárritu”- de historias secuenciales que coinciden cada una de ellas en un tiempo y un lugar, porque aquí se usa en la exposición de la historia de las tres mujeres, a la manera del anudado de un lazo –o de una figura de alambre-, y a partir de ahí avanza una narración cronológica, con las tres mujeres ya enlazadas. Podría parecer que a desde ese punto hay un desarrollo confuso en cuanto a subidas y bajadas de intensidad dramática, pero en este caso, y aparte de que la figura de los dos policías y sus avances es una buena argucia narrativa, me parece otra virtud de la peli, porque se corresponde con una especie de inteligencia y seriedad en la historia, que huye de un maniqueísmo de simple denuncia, y que se abre a una buena cantidad de matices.

··········Y en ellos está para mí lo mejor de la historia: los temas de autoexigencia, de presiones familiares y sentimentales, de los tristes juegos de repartos de culpabilidad entre las víctimas, de hasta dónde se puede sacrificar a terceros como los hijos, de cómo no sirve de nada a la víctima la transferencia de la vergüenza a la pareja, de cómo el abuso no sólo dispara sentimientos irracionales de vergüenza y culpabilidad, sino también reacciones físicas de bloqueo afectivo. Encima (y es un buen tirón de orejas para quienes nos acercáramos a la peli con el etnocentrismo de pensar “estos musulmanes…”), es una peli donde la religión está formalmente ausente y no lo está la posición de clase (encima con el verismo de que si bien esto le puede pasar a cualquiera, la protección y posibilidades a partir de ahí están a años luz). Y, por uno de esos fogonazos, la morena en pie (cierto que después de su novio), afirmándose, me trae a la cabeza al marqués de Sade: “franceses, siempre un paso más, si queréis ser republicanos”. Esa gente pisada que, bloqueda por leyes contrarias, instituciones indiferentes, decide ponerse en pie y –qué se yo- parar un desahucio, es la que levanta los frágiles muros que nos defienden de la barbarie.

··········Y por bajar yo también un poco el tono, un detallito de esos que me gustan. La primera escena en el interior del autobús muestra el alucinante sistema de espejos retrovisores del conductor para disfrutar de la visión de mujeres mientras conduce. En contraste, junto a los títulos de crédito finales, el espejo retrovisor se ha convertido en lo contrario: al igual que nos sucede cuando lo usamos en un automóvil, lo que vemos en él adquiere la consistencia de lo real, lo cercano, frente al resto, que se desenfoca. El espejo se ha convertido en la visión de las mujeres, cercana y real, en un paisaje que pasa indiferente y desenfocado.

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