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··········Entregada a unos magníficos actores infantiles, una buena parte de la peli puede verse como una aventura al estilo de una novela de Enid Blyton. Y si funciona así es por los actores, pero también por la naturalidad con la que están filmados, la falta de artificio y de subrayados, y también por la facilidad para contar la forma tierna de querer de los doce años. Sin embargo, la peli no es esto que digo, y eso es lo mejor que tiene: ser capaz de narrar un tema actual, sangrante, casi como una película de género bien visible por niños.

··········Cuando la policía francesa tiene que completar cuotas de extranjeros sin papeles expulsados (cuotas que, como las redadas raciales en Madrid, ya se sabe, no existen, y si las ves debe ser que algo ha fallado en el sistema y tus ojos ven aún más allá de la televisión), los niños de esas familias se convierten en un problema, porque están escolarizados. Y si la ciudadanía, maestros, madres y padres, difícilmente entienden que se expulse a un niño de la escuela republicana por un tema de papeles de sus padres, menos aún lo va a entender la deliciosa preciudadanía de los chavales.

··········Así que un tema cívico que nos atañe, se cuenta –además de en el tono esperable del mundo de los adultos- en la visión diáfana de los chicos y –un segundo juego de guión- desde un futuro donde todo esto que nos pasa ahora suena a chino. Son los niños (y, quizás por sano contagio, los adultos que más conviven con ellos y que les tienen que explicar el mundo) quienes hacen ver la realidad del orden social: la policía como la fuerza de choque de una potencia extranjera, que no tiene porqué estar fuera de las fronteras del territorio, porque ya está fuera de las fronteras del civismo.

··········Como estos muchachos, quizás deberíamos expresar el miedo que nos produce encontrárnoslos por la calle levantando las manos, mostrando que nuestra arma principal es, por complejo que sea un problema como el de los movimientos poblacionales, el sentido común y el respeto al ser humano.

··········Y los animales, siempre compañeros de los niños, casi como un recuerdo de “La noche del cazador” de Laughton.

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