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··········Una competente y simplona precuela que explica el final de aquél “El planeta de los simios”. Entretenida acción pero, los tiempos han cambiado, ahora hay que mirar siempre desde el punto de vista más familiar; sin embargo, la peli no insiste mucho en ello (por ejemplo, reduce la impepinable historia de amor a lo mínimo imprescindible). Música de peli, pero vibrante, no ratonera.

··········Es cosa de asombrarse, ciertamente, ante los avances técnicos que permiten lograr un paquete completo de gestualidad humana en los animales; se queda uno embobado. A cambio, me parece que en algunos momentos (pasa más al principio, con el Caesar bebé) cuaja mal la sincronización entre humanos y píxeles.

··········Naturalmente, hay las tonterías habituales. Algunas de ellas, como la manía que tienen estos simios de salir de los sitios rompiendo las ventanas a diferentes alturas, me parecen disculpables, porque son visualmente potentes. Otras son tan tontas que te despistan, como una desubicada carga de caballería, con los équidos galopando entre filas de coches muchos de ellos con las puertas abiertas, que no es probablemente la primera solución en la que pensaría un profesional para atacar a un grupo de monos que –es su condición- no suelen quedarse quietos. Hay otros momentos tontos, ya más en plan de defectos argumentales, que tienen relación con el nivel de inteligencia que se le va presuponiendo al chimpancé protagonista, como la explicación –en un automóvil, ante el laboratorio- de algo notablemente complejo, en apenas un par de frases, a un simio que sólo se expresa con el idioma de los sordomudos. O el hecho, un tanto sorprendente en una historia en la que el desarrollo intelectual del chimpancé tiene un origen farmacológico, de que un compañero de cárcel, un orangután, hable también de corrido el lenguaje de los sordomudos con la inquietante explicación de que trabajó en un circo. O la misteriosa multiplicación del número de los animales.

··········Son cosas menores que no estorban demasiado en la peli. Sí lo hace más el que en la parte central haya una especie de retención argumental cuando Caesar ya sabe escaparse cuando quiere de la celda, liberar a otros, salir a pasear por la ciudad… para que luego todo siga igual hasta que otras líneas de la trama -sin conexión directa- aconsejen que se produzca la fuga..

··········Tiene la historia algún punto mitopoyético simpático: la primera palabra que aprende a decir un simio es “NO”, el primer humano que muere a sus manos lo será con sus propias armas. Algunas imágenes vistosas, como la distribución viral en los títulos de crédito finales, o la representación del transcurso del tiempo mediante las estaciones climatológicas acompañando el escalado de una sequoia. Y algunos temas de interés (aunque abandonados o supeditados a la acción), como la doble y contradictoria motivación en el laboratorio a la hora de investigar (lo que tiene la sociedad basada en el lucro individual, vamos), o una historia de crecimiento y de salida de casa, o la consciencia de cuál debe ser el momento en que uno se rinda a la muerte.

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