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··········Nueva experiencia frustrante con la comedia española, que funcionaba tan aceptablemente hace veinte años. Sin diálogos graciosos, el humor tiene que descansar sobre unos personajes que tampoco dan para tanto. Al menos el de Alterio tiene una construcción de su neurosis con algo de dignidad.

··········La trama está completamente descuidada en lo básico, como si bastara una idea general (una apuesta de quién obtiene más audiencias) sin molestarse en deshacer al menos unas cuantas de las mil dudas técnicas que suscitaría una apuesta así, lo que lleva a que sea imposible ir sabiendo ni intuitivamente quién la va ganando. Si es así en lo básico, más aún en lo circunstancial: como si fuera un tebeo de mala calidad se recurre a tonterías como robar unas escrituras para poder hipotecar la casa de que tratan; supongamos que eso fue así alguna vez en el lejano oeste, ¿qué sentido tiene aquí y ahora?

··········Al final, lo que me acaba causando cierto interés es el desparpajo con que se reboza en la basura televisiva… so pretexto de criticarla. Dentro de la falta de coherencia entre lo que se dice y lo que se muestra, que pringa nuestra vida pública actual, la peli –producida en parte por una cadena española de telebasura- pretende criticar cierto tipo de programas, para, en realidad solazarse en ellos. Este esquema de falsa distancia cínica es el que se pudo observar (ya en la primera emisión de “Gran Hermano”) cuando gente de lo más normal y hasta con cabeza lo veía “para reirse”, “para ver lo que le gustaba a la gente”, “para asombrarse del nivel cultural del país”, etc.

··········Este mismo mecanismo funciona con los esterotipos racistas de la peli (peruanos, gitanos): a fuer de burdos, diríase que son críticos por vía irónica, pero en realidad no hay tal, sino que se busca la risa fácil y lo que queda, en el público al que se dirige una comedia así, es lo peor de los tópicos, con el refuerzo público de lo que son “cosas sabidas”.

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