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··········Por empezar con una maldad, digamos que a veces las diferencias entre las pelis-telefilm de las grandes productoras y el cine independiente consiste sólo en que los protagonistas no sean guapos.

··········Una peli agradable, con un humor ligero pero sostenido, que se ve con comodidad (aunque a mucha distancia de la anterior de este director). Si el desarrollo de la trama va pasando pronto a ser un tanto previsible, los personajes son algo más naturales que lo habitual en estas pelis familiares yanquis.

··········Lo que sí responde a su tradición es ese puritanismo del maniqueo mal / bien, donde un pecado, un comportamiento inmoral parece –al ser descubierto- dejar inerme y completamente desvalorizado a quien lo cometió. Tan pedagógico como cruel; ya he recordado aquí alguna vez la máxima de Cicerón que afirma que entre el bien y el mal hay una raya, y lo que importa es a qué lado de la raya estás, no a qué distancia.

··········Más me gusta el concepto de las segundas oportunidades, especialmente cuando, como aquí, no se enuncia como norma de actuación, sino que fluye: el muchacho obtiene la suya entre la desgana de los demás (hasta que resulta aportar un factor de éxito), y el abogado viéndose prácticamente forzado a acudir a juicio (hasta que sólo por eso ya todo se solucione sin que sea puesto en evidencia). Nuevamente en esto el tradicional puritanismo protestante: haz el bien y repentinamente la vida te lo devolverá multiplicado. Ciertamente simplifico, quizás es que respecto a esos principios del bien, el mal, los castigos naturales (no penales) y las recompensas casuales (o del plan del destino divino), padezco alguna hipersensibilidad.

··········Aparte de que sea simpática, el deporte que se muestra es la lucha libre escolar, que es raro de ver en las pelis yanquis, donde lo normal es béisbol, fútbol americano o baloncesto. No es banal: una cosa son los deportes de combate individual en los que se compite por un equipo, pero a solas contra el oponente, y otra aquéllos en que se compite en grupo y uno debe subsumir mucho más su personalidad. Los chicos del equipo han de competir entre sí y obtener su derecho a jugar, pero no a costa de perderse en el espíritu del grupo.

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