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··········La historia de la película parte de las consecuencias de un suceso que, al menos en mi país, resulta inverosímil: al morir en un atentado terrorista una inmigrante, hay una especie de responsabilidad moral por parte de la empresa en que trabajó (aunque esa empresa no la trajo al país ni nada así). Todos los sucesos posteriores, un viaje para devolver el cadáver a sus parientes en Rumanía, resultan por tanto algo fuera de lugar. Aun dando por buena (o por exóticamente plausible) esa tensión moral, no me parece que la historia tenga mucha sustancia, más allá de una vaga meditación final sobre en cuál tierra tienen que reposar los restos de un emigrante.

··········Claro que como cualquier road movie, la historia es más bien sobre el movimiento que sucede en el interior de los personajes. Pero no se han molestado en contarnos demasiado sobre ellos. Al chaval apenas podemos asignarle una rebeldía enrabietada adolescente inespecífica. Y del protagonista, un tipo suficiente (y que en un momento dado sirve para elogiar a la gloriosa infantería israelí), tampoco sabremos más que que llega a aprender la necesidad de hacer las cosas correctamente… sin que sepamos qué es lo que ha hecho mal antes.

··········No le encuentro pues demasiada sustancia a esta historia, que se deja ver, pero sin emoción ni más allá que alguna pincelada de humor flojito. Sobre la traducción de los subtítulos me hace dudar la obstinación en hablar de panadería cuando se trata de una panificadora.

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