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··········Lo que tienen los autores tan especiales, tan poco del montón, y que encima no son muy prolíficos, es que uno tiende a esperar obras maestras. Ésta es una peli simpática, positiva, emotiva, de las que a uno le gustaría llevarla a ver a chavales. Sí que mantiene algunas marcas de fábrica, como el abigarramiento de la dirección artística, aquí con el bonito contraste buenos/malos entre los espacios de los protas y la arquitectura musoliniana y la de aeropuertos (que no es el único guiño a Tati).

··········Pero ese contraste de los buenos y los malos, que en lo moral es la candorosa pero muy válida comparación entre los magnates del tráfico de armas (que, siendo la película francesa, equivale a decir los dueños de los medios de aturdimiento de masas) y los ciudadanos masacrados por ellos o humillados por esas masacres (los que pagamos impuestos para que la OTAN asesine a los nietos de Gadafi), no se muestra sólo en el choque entre los espacios de unos y de otros, entre los edificios verticales, hormigonales, triunfales, exentos, soberbios y los espacios recogidos, atestados, aparentemente incómodos pero hogareños del grupo de héroes de Tire-Larigot. Hay también otra dualidad de conceptos muy apropiadas para el maniqueo de la historia: lo nuevo frente a lo reciclado. Lo limpio, fabricado una y otra vez para su propia destrucción (como los propios misiles) y los objetos que son reutilizados en funciones sucesivamente diferentes por nuestros chicos, negándose a dar por perdido el valor de aquello en lo que ha habido un trabajo humano. Hay una broma extra en que uno de los malvados coleccione precisamente objetos antiguos, porque éstos se encapsulan y sólo valen por lo que fueron, mientras que en el garaje (hermético aussi) los objetos viven y reviven nuevas utilidades. Pero es que, aún más, el propio protagonista es un reciclado: alguien que vive una vida extra tras un balazo craneal, más allá de aquélla en la que estaba (de empleado de videoclub), mostrando que no es necesariamente el primer ciclo de las cosas el que tiene la mayor utilidad.

··········Por lo demás, es una peli de aventuras, divertida aunque no todo el tiempo, que a los españoles nos recuerda a veces a los grandes inventos del TBO y que nos da esa satisfacción de ver sufrir a los canallas. Aparte de algún momento muy Tati, hay también un buen homenaje al personaje de Roberto Benigni en “Down by law” de Jarmusch, con alguien que va coleccionando para aprender un idioma sus frases hechas y que además me parece una especie de cita a un texto humorístico en el “Diario mínimo” de Umberto Eco, respecto a un antropólogo africano estudiando la sorprendente sociedad occidental.

··········Por decir alguna cosa que no me gusta, quizás hay algún momento confuso en el desarrollo de los sucesivos enredos y un exceso de contorsionismo, que va más allá de lo que pide la historia (o quizás es que me duele la espalda al verlo).

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