Etiquetas

··········Pese a la modernidad del muy eficaz y rápido montaje y el trabajo muy móvil de cámara (no por la afectación habitual, sino cuando conviene a la narración), la sensación que me daba la peli conforme la veía era la de presenciar un clásico de los de antes, ese cine potente, de emociones, en que las historias te implican.

··········Y no precisamente por una facilidad emotiva, por un uso barato de los mecanismos sentimentales. Apenas hay nada de esteticismo (más allá de algún paisaje desde los cerros (favelas) caraqueños, y muy poco de las emociones más repetitivas (hasta el punto de quitarse del medio, cuando procede, la historia de amor) y nada de finales felices.

··········Porque ésta es una historia de crecimiento. De cómo es de difícil crecer junto a los grandes, porque hacen mucha sombra. De qué es la familia, a la vez concha y jaula. De cómo se crece gracias a los mayores… y contra ellos. De hacer daño. De hacerse hombre. Y se cuentan las cosas escogiendo, además de la realidad cotidiana de pobreza, baile y malandros, un vehículo argumental muy poderoso para esta historia: el fútbol. Como ambición, como vía de salida, pero también como familia (la tercera familia de la peli, junto con la monoparental y la de los mafiosos) y como expresión de las diversas posiciones en la vida (portero, defensa, delantero) y su complementariedad.

··········Además de que me parece que los actores (sobre todo los dos principales) transmiten muy bien, creo que está muy bien filmada. Por ejemplo, las secuencias de los partidos de fútbol son completamente diferentes cuando sólo han de contar el esfuerzo, la velocidad, el sudor, la arena, la momentánea confusión y la iluminadora percepción del hueco oportuno, que cuando han de contar la posición y el tipo de juego de delantero y defensa, y que cuando se ha de narrar un partido, gol a gol. La habilidad de saber escoger montajes diferentes, velocidades distintas, me parece un mérito más en una peli venezolana que hay muchos motivos para ver.

Anuncios