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··········Ésta es de las películas que a mí me agradan más que lo bien que pueda hablar de ella. Porque es cierto que es algo morosa, que la historia es un poco anecdótica, que cuando ha de pasar a mayores quizás patina un poco (la historia del padre me parece insuficientemente contada), apoyándose sólo en una coincidencia (que difícilmente explica el cambio del personaje principal). Tampoco me parece que visual o sonoramente aporte algo novedoso, sin que deje de ser muy correcta.

··········Sin embargo, es agradable, tranquila. El humor se basa casi todo en la excentricidad del personaje; sin ser peli de risas, sí es de sonrisa casi constante gracias a la composición de Darín. El toque romántico no es ñoño. Actores eficientes.

··········Pero sobre todo me gusta el personaje. Lo bien reflejada que está la construcción del castillo de orden y costumbre, y la conciencia de cómo la relación con los otros puede echar todo abajo, tanto en lo que es la alteración de lo cotidiano como, sobre todo, en la entrada de una afectividad que compromete, que exige ser satisfactorio, ser buena gente (con lo agotador que es eso). Cierto que los enlaces con el pasado del personaje no se elaboran mucho (me vale más esa madre de vitrina que la historia de la foto de L’Unitá –que, por cierto, algunos de los que leen esto saben la importancia que tiene una foto de un conscripto en la portada de un diario durante el proceso-) ni el factor de cambio es muy consistente. Pero, qué quieren, la soldaridad de los misántropos.

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