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··········La peli empieza como una historia más de casa encantada, aunque luego derive argumentalmente (no estropeo nada, que ya lo dice la publicidad) hacia una historia de niño poseído. Empieza dando una percepción de baja calidad: la veo doblada y la voz y la locución que ponen a los niños es una invitación al paidicidio. Además, a uno de ellos se le escapa alguna mirada a cámara que increiblemente no se ha caído en el montaje.

··········El miedo, en esta parte, es de ruidos, chasquidos, sombras, cosas de estas que aportan las casas vivas a nuestras vidas. Se desarrolla a base de sustitos reforzados con la música, de una monocromía azulada desasosegante, y de la increible circunstancia de que nadie enciende una luz cenital hasta pasada media hora de peli, todo a base de miserables lamparillas. Si con el sueldo de profesor pueden comprarse una casa de tres plantas así, hombre, algo quedará para unas bombillas de más de sesenta watios, ¿no?

··········Luego de pronto la peli pasa a ser una de posesiones, en plan “El exorcista”, solo que cambiando el cura por una simpática ancianita tipo Miss Marple. Esa parte me parece desarrollada con algo más de gracia, en cuanto a la ambientación, a la relación con el mundo onírico, al miedo que surge de lo que llevamos dentro cuando aflojamos y nos dormimos… Pero se estropea bastante porque se mezcla el tono de peli de miedo con una especie de “Cazafantasmas”, con dos tipos que están ahí para hacer gracia (creo) y que desliza la realización un poco a otro tipo de peli para adolescentes más jóvenes.

··········De todas formas, no veo la peli entera, sino que me pierdo una porción intermedia: en la sala, una mujer de mi quinta entra en coma diabético. Frente a la debilidad del cuerpo humano, ante la fragilidad de los lazos que nos unen con la vida, la historia en la pantalla se vuelve completamente anodina.

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