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Antes de la película, dos informaciones, una buena y otra mala:

Por empezar por la mala, cuando ya está todo el público sentado (la sala Iberia de la Casa de América completa) aparece una de las trabajadoras del Documentamadrid y nos informa de que la copia de la peli en 35 mm. ha sido retenida en el aeropuerto de París por una huelga de Aduanas, por lo que van a proyectar una copia en DVD en versión original y con subtítulos en inglés (!?). Varias personas se levantan y se van y una parte del público se revuelve por no haber sido avisada antes de comprar la entrada, como es de esperar.

La buena es que la directora del documental está allí para presentar la peli y hacer un coloquio posterior a la proyección. Y esta mujer explica que el título en portugués tiene una lectura que cree que en castellano se pierde, ya que “A falta que me faz” se traduce literalmente por “La falta que me hace”, pero también por “La ausencia que me conforma”. Ahora me apetece aún más ver la peli.

Y bueno, resulta algo decepcionante a pesar de lo bonito de la idea: se trata de mostrar la forma de vida de un grupo de chicas de entre 17 y 20 años de un pueblito de Minas Gerais, su paso de la adolescencia a la adultez, lo que les interesa y lo que les “falta”. Pienso que con este argumento se podría haber hecho algo más interesante, quizá menos difuso y más concreto, más centrado en alguna chica determinada o en el grupo en general. Pero la directora parece divagar, empeñada en hacernos ver la relación entre el paisaje (rocas y piedras) y la personalidad de las chicas a través de escenas fijas de la montaña sin hilación aparente con lo que está pasando. Parece no haber un guión o una idea concreta de lo que nos quiere contar.

A pesar de ello, hay escenas muy curiosas, como aquella en la que una de las chicas interroga al equipo de rodaje sobre sus vidas (cambio de tornas) u otra en la que una de las chicas cuenta entre risas la muerte de su padre. Lo más interesante quizá es ver cómo la vida de estas mujeres se centra exclusivamente en las relaciones con los chicos, en los embarazos como posibilidad de amarre de alguno de ellos, en el baile del fin de semana.

Desde luego, el coloquio con la directora resulta ser mucho más interesante que el documental, explica un montón de cosas que es imposible adivinar viendo la peli y que sin embargo sirven para entender mucho más de lo que nos estaba contando, por lo que pienso que entonces el resultado no está muy logrado y que quizá hubiera sido mejor para el público que el coloquio fuera antes y no después de ver el documental.

La directora cuenta que lo curioso del pueblo es que sólo está habitado por mujeres, ya que los hombres pasan la semana trabajando en la mina y sólo bajan al pueblo a emborracharse y ligar los fines de semana (núcleo de la existencia de ellas). Cuenta también que el documental empezó tratando de las recolectoras de flores del lugar pero no “encontró” la película, por lo que los propios personajes la acabaron llevando a este documental. De ahí la falta de guión, que sólo surgió en el montaje. La pena es que la idea es buena, pero el montaje no acaba de darle forma y el objetivo se pierde: todo queda deslavazado, inexplicado, balbuceado. Contó también las impresiones del pueblo cuando les proyectó el documental al acabarlo, que este grupo de chicas era el considerado más bohemio y marginal entre las habitantes del pueblo (algo que tampoco se ve), y en fin, otra serie de temas muy interesantes que sin embargo no se pueden adivinar viendo la peli.

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