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··········Un thriller no demasiado entretenido, al que sólo le salva el giro argumental final y que mientras tanto funciona más como una peli de acción, modalidad concreta de persecuciones de coches: ¡hasta once ‘conductores de precisión’ en los títulos de crédito!

··········El armazón de la historia resulta bastante endeble, sostenido por la habitual ristra de casualidades que la explicación final sólo soluciona en lo sustancial. Pero que no justifica la antinaturalidad de los comportamientos del protagonista (antinaturales, pero necesarios para que lo demás se vaya armando), como la salida del hospital porque “mi mujer está sola en una ciudad que no conoce” (Berlín, vaya, para una americana de clase alta), la falta de uso de las instituciones consulares desde el principio, llegar al hospital hotel mintiendo cuando se tiene una verdad razonable, el reconocimiento por el detective de la letra de una enfermera, la inopinada aportación de ésta al amnésico, el que resulte obvio que Biko sabe dónde está la taxista. En fin, esa sensación de que todo resulta un tanto forzado.

··········Y eso, mucho metraje de coches persiguiéndose. También aquí la antinaturalidad de que, siendo el objetivo de uno matar al otro, y estando el primero convenientemente armado, renuncie a pegarle un tiro en uno cualquiera de los momentos en que los autos se han estampado y tienen que maniobrar para moverse. ¿Por qué pegarle un tiro si podemos seguir haciendo carreritas por las calles de Berlín?

··········En fin, bastante sosa. Bruno Ganz, que es malo (Stasi, claro) aunque sea bueno, puede permitirse fumar y beber. Lo mejor de la peli son las fotos de una exposición en que hay una cita. Y curioso el nivel de inglés que tiene casi todo el mundo en Berlín.

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