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No acaba de convencerme Armendariz con esta película, aunque desde luego tiene muchas cosas positivas:

La primera, el mérito de tratar el tema de los abusos sexuales a menores dentro de la familia y  evitarnos escenas explícitas, morbosas e innecesarias. Aquí hay elipsis, gestos, miradas, respiraciones, y con eso es suficiente. Sí hay algo mucho más obvio en las declaraciones de las víctimas del grupo de terapia, aunque entiendo que de alguna manera son necesarias para situarte, sobre todo en las consecuencias varias de los abusos.

También la forma de rodar la historia, con la chica deambulando constantemente sin un objetivo o destino claros, sin una intención concreta, me parece una manera inteligente de mostrar hacia afuera algo de lo que puede haber dentro de la cabeza: el caos, la desorientación, la huida, la ansiedad, el “como vaca sin cencerro”.

El ritmo es otra cosa: lento, demasiado lento. A ratos me aburrí, no ya porque no pase nada, sino porque dejar toda expresión en los ojos de la prota, pues cansa: apenas se habla ni se hace nada. Y ahí entra otro punto negativo para mí: no me gusta la prota cuando habla. Es verdad que es muy expresiva en cuanto a temor, horror o pánico cuando se mueve, mira, o sobre todo se queda absorta. Pero es abrir la boca, y a mí me saca de la peli, no me la creo, pasa a ser todo muy forzado, frases poco naturales y que parece que se dicen para hacer avanzar el guión.

Homar y Belén Rueda, en cambio, me encantan: qué grima, qué horror y qué asco, cuando todo lo que se ve (literalmente) de ellos no es nada monstruoso. Otro tema es la psiquiatra, el marido de la madre, el novio de Mayte, fatal todos, con un toque amateur o casposillo que no ayuda nada a la credibilidad de los personajes y las situaciones.

Otro fallo: la terapia. Poco aporta aquí Armendariz si las tres o cuatro veces que nos muestra cómo progresa la intervención de la psiquiatra, siempre nos enseña lo mismo, una técnica de algo que entiendo tiene que ver con la hipnosis (pero ni idea, yo de esto no sé nada). Pero la doctora no responde, no da pautas, no orienta, no resuelve dudas o angustias: es más bien un “quédate con ese sentimiento” sin que luego le diga a la chica lo que tiene que hacer con él.

Echo de menos también una contextualización y reflexión más global, algo que deje ver cómo este tipo de abusos no son algo tan excepcional como parece pensarse, y qué hacer en una situación así.

Así que finalmente la peli no me disgusta, pero tampoco me dice demasiado.

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