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··········Una buena historia sobre las posibilidades de gestionar la violencia que no tiene una motivación inmediata ni en las circunstancias ni en el agredido, sino en la personalidad del agresor: acoso escolar, matón callejero y señor de la guerra.

··········No es que sea una película de tesis, pero la verdad es que a veces sólo una resistencia efectiva e igualmente violenta acaba siendo suficientemente protectora, y que tendemos a disculpar la reacción de castigo –ya fuera de lo defensivo- que a la vez que alivia nos rebaja. A cambio, una pedagógica escena sobre la distinción entre la pasividad pacífica y el miedo (aunque, a la edad del pequeño, no sé yo si se puede matizar tanto).

··········En conjunto, me parece mejor la historia de los muchachos que la de los mayores. No sólo mejor interpretada, sino mejor contada. Salvo el hecho de que un chaval de doce años no suele ser tan incapaz de entender lo que son posibilidades y recaídas en un proceso canceroso, lo demás –la relación entre ellos, las actitudes frente a los mayores, la ambigüedad propia de su edad, las torpezas en la evaluación del riesgo- me parece mucho mejor mostrado que lo que se refiere a las relaciones de los mayores (en Dinamarca, en Kenia me parece más verista), tanto en cuanto interpretaciones más afectadas como en algunas intensidades y en escenas poco creíbles, pero que parecen obligadas, como filmar un polvo para contar el retomado de una relación, en una noche en que cualesquiera padres habrían preferido quedarse con su hijo hospitalizado.

··········Hermosas tomas de naturaleza para aliviar la tensión de la historia, que la verdad es que va girando un poco hacia el melodrama conforme avanza.

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