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··········La referencia obvia son las películas de Jaime Rosales, como éstas comentadas aquí y aquí. Nuevamente un tipo de cine que me cuido mucho de recomendar a casi nadie, porque incumple las normas de la narrativa cinematográfica y no satisface lo que se suele buscar al entrar en una sala.

··········La peli es el producto de un proceso de despojamiento, en el que desaparece la música, la movilidad de la cámara casi siempre, las historias del contexto, … Los diálogos se reducen al mínimo necesario. A cambio, se cuenta bien la cotidianeidad, la presencia de los objetos que enmarcan nuestra vida (los pequeños y abarcables y ese otro general que es el paisaje) y el despojamiento da una especie de pureza al mostrar las relaciones, hace que el rascar una mano a un abuelo o musitar un “duérmete” a un amante den más información y más sentimiento que en una peli de otro estilo.

··········Personalmente, a mi ésta me gusta mucho menos que cualquiera de las de Rosales y que cualquiera otra que haya visto de las del director de este Óscar: “Últimos testigos”, “Malas temporadas” y “La flaqueza del bolchevique”. Y esencialmente es porque el tema me interesa bien poco: a la postre no es más que chico quiere a chica pero ella ya no, cierto que con un factor diferencial con otros amores importante pero que –precisamente porque se opta por desnudar la historia de todo contexto social o familiar- no opera para darle más interés al asunto.

··········Aunque casi fuera del estilo de la peli, la secuencia del taxi –con su elipsis final- está muy bien. Y el uso del paseo por el campo junto al mar, con el juego de sucesivos descuelgues o desconexiones de los paseantes, me parece efectivo, aunque de metraje dilatado.

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