Etiquetas

,

··········Me alegro de haber dejado pasar unos días sin hablar de ella, porque ésta es de las películas que me crecen dentro durante un tiempo después de verla. Lo cual supone que hay algo durante la visualización que no acaba de gustarme (luego dejaré dicha alguna hipótesis) y que después deja de tener importancia.

··········Aunque es la antítesis de una película coral, porque todas las historias que cuentan convergen en una y la construyen, lo primero que me gusta es que habla de bastantes cosas que me interesan. De una forma enfática, al principio, se dice que la infancia es un cuchillo en la garganta: hay dolores enquistados así, de los que eres consciente que si los arrancas –para compartirlos-, empeora porque te desangras. Luego a lo largo de la peli resulta haber una única infancia (las demás no cuentan) y de la que sólo se narran dos momentos (el parto y la potente escena del rapado con la que se inicia todo –es curioso en cuántas pelis se usa ese momento del corte de pelo del recluta para simbolizar la pérdida de la individualidad y la entrega a la barbarie militar-), pero es ella la que sustenta todos los porqués: los de lo sucedido en los flashbacks y los de los movimientos en tiempo actual.

··········Pero además de ese tema esencial del dolor formante en la infancia, hay muchos otros y rara vez en su versión más simplificadora. La posición subalterna de la mujer, por ejemplo, en algunas sociedades, donde el que ella haya hecho una elección libre es una humillación para el conjunto de la familia, pero donde la lúcida abuela (esa gente que te abraza y llora contigo mientras te deja claro que mereces la muerte) tiene claro que la segunda mejor posición de una chica (después de la de ser como debe ser) es alejarse de la familia y superarse estudiando, por encima de cualquier otra opción de mantenerse en la sumisión. O que el coraje y el sacrificio de ser quien rompe el hilo de las venganzas sucesivas requiere además la inteligencia de saber cuándo eso va a funcionar (cuándo puedes quebrar la posibilidad de reacción, como con el Abu Tarek del final) y cuándo no (como en el asesinato del jefe de milicias). O las obligaciones que generan los deseos de los muertos, cuando uno no está seguro de deberles nada. O cómo los conflictos religiosos esconden a menudo otro tipo de enfrentamientos, construyendo todo el aparato simbólico externo, tan eficaz para oscurecer los motivos reales. En fin, riqueza de temas.

··········También me ha ido gustando más conforme pasaban las horas, el recurso formal de la repetición: el parecido físico de las actrices, de la ropa que usan en sus desplazamientos, de su manera de portar la mochila, la misma ruta del autobús… Creo que, aunque parezca un recurso fácil para dar una percepción de circularidad, en realidad el paralelismo entre el tiempo analéptico y el corriente refuerza la carga moral de la película, el aprendizaje de qué se puede obtener del descenso a los infiernos. Y lo mismo digo de algunas escenas que me parecían demasiado efectistas -el grito de la gemela que inhibe la necesidad de que su hermano le cuente, las escenas de agua- y que después he pensado que las alternativas de una conversación explicativa me habrían gustado menos y que yo como espectador he necesitado como ellos refugiarme en algún momento en ese útero que es el agua contenida de las piscinas.

··········Aunque comprendo que la distribución de tiempos debe ser funcional a lo que quiere contar la peli, a mí me sobran grados de intensidad y minutaje en el tiempo melodramático de la actualidad frente al tiempo histórico de lo reconstruido.

·········· A v i s o . d e . i n d i s c r e c i o n e s

··········Aparte de esto último, un par de notas negativas. Hay algunos problemas de continuidad; en una película diferente sería algo banal (una de esas manías de espectador), pero en una que se juega tanto a la repetición, a bordear la línea de la confusión, son más molestos: el pelo blanco de Nawal Marwan en la escena de la piscina no lo es durante los susurros en el hospital con el notario, y tiene importancia saber que esto último sucede después. O que en el montaje de la dura escena del autobús haya tomas con éste ardiendo que aparecen posteriormente a otras en que ya está consumido, generando dudas de qué ha hecho Marwan a continuación. Nada de importancia.

··········Pero sí me parece un defecto de guión que dos giros sustanciales de personajes de la película se sustancien casi en elipsis: quedan explicados en dos conversaciones –una extraña y desubicada con un personaje que no reaparece- y otra que resume en dos frases sucesos esenciales. Me refiero al, digamos, cambio de bando de Nawal Marwan tras ver el campamento arrasado (donde además se nos hace entender falsamente que tiene conciencia de la muerte de su primer hijo) y al posterior de Nihad de mayo contado por el señor de la guerra a Simon. Creo que precisamente por lo que quiere contar la peli es esencial narrar bien esos cambios, porque deberían mostrar cómo la afiliación a un bando está a menudo en un impulso irracional (Nawal) o en una imposición (Nihad) y que, por tanto, no deberían comprometernos tanto como habitualmente lo hacen en los enfrentamientos violentos (o futbolísticos, o lo que sea).

Anuncios