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··········Hay un momento en que uno tiene que decidir dejar de seguir una de estas series. Es cierto que hay algún caso (como sucedió con Alien) en que las sucesivas secuelas no tenían un carácter homogéneamente descendente, pero lo frecuente es que los autores se agarren a lo que consideren que puede generar algo de friquismo, y por tanto público fidelizado y euros.

··········Esta cuarta entrega de uno de los héroes mejor pensados es, en principio, el punto en que yo le abandono. Tampoco voy a dedicar mucho tiempo a explicarlo: algunos de los elementos de adorno de las anteriores (como los cameos) se han hipostasiado y convertido ahora en lo sustancial (y, tonto de mí, no se me había ocurrido que se me fuera a obligar a ver y oír a gente despreciable de la basura televisiva) pero sin un verdadero aprovechamiento, simplemente como cameo en sí (por ejemplo, lo que importa en tener a Buenafuente en plantilla, pero a nadie se le ocurre escribir algo gracioso para su aparición, siendo como es un tipo divertido).

··········Y otro de los elementos, que es para mí el elemento esencial (junto con la construcción del ambiente) del interés de la serie, una cierta militancia política que pasa por la ridiculización extrema del imaginario colectivo de cierta manera española de ser gente de orden, formar parte de los buenos, pasa a mostrar una ambigüedad mosqueante. Por poner un ejemplo, el racismo de Torrente servía en la primera peli para ridiculizar el racismo en sí, y dado que el público natural de estas pelis es el que formamos los más chabacanos y necesitados de principios sociales respetables, tenía una utilidad obvia y parecida a otros usos esenciales de la narración de historias (los abandonos de los padres en los cuentos infantiles, el miedo de las pelis de terror, la exageración y ritualización de la violencia gore). Pues bien, aquí el racismo del antihéroe se compagina con una visión estereotipada e insultante del inmigrante, ¡qué diferencia entre los chinos del restaurante de la primera de la serie y los sudamericanos de ésta! Así que mientras yo me alegraba de que los jóvenes de nuestros barrios fueran a ver “El brazo tonto de la ley”, preferiría que no fueran a ves ésta, que les reforzarán los peores estereotipos.

··········Aparte de eso, la peli en sí tiene para mí menos y peor humor que las otras. Una historia simplona. Una falta de cuidado en la confección (hay varios saltos de continuidad o montaje en la boda de las primeras escenas). Y, eso sí, chicas voluptuosas, carreras de coches y explosiones.

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