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··········Le tomé manía a Mariscal en 1992, no ya porque consiguiera venderle eso de Cobi a los juegos olímpicos, sino por algo mucho más cutre: conseguía venderle páginas a “El víbora”, páginas incluidas en el precio que yo tenía que pagar, páginas llenas de nadería. Para que se me entienda, tanto tiempo después, digamos que es como la cara de idiota que se le queda a uno con la página de las historietas del “Diagonal”, que siempre me tomo como un insulto personal (no incluyo a Brieva, obviamente). Sin embargo, el aspecto de los dibujos de esta peli me parecía diferente.

··········Y me gustan. Pero vamos con los peros. En primer lugar, para un trabajo de tantos años, me parece muy insuficiente: los fondos –a veces muy bien ambientados- resultan casi siempre planos y descoloridos; los detalles sangrantemente poco trabajados (¿alguien ha visto alguna vez un mojito opaco, de aspecto lácteo?); y los movimientos a veces torpes o sincopados. Aclaro esto: no pasa siempre (lo que no me extraña, al ver en los créditos la cantidad de gabinetes de animación implicados), pero, por poner ejemplos, los bailarines al fondo en las primeras escenas, o el movimiento del Chico anciano en Las Vegas. Digamos que los dibujos que más me gustan acaban siendo los del sueño.

··········La historia no da para mucha originalidad. La chica se enamora de quien le trata mal, como mandan los cánones. Y a partir de ahí, ambición contra amor verdadero y casualidades terribles de esas que a uno le hacen pensar “¿y por qué no poner un telegrama y aclarar las cosas?”.

··········Dentro de la música, yo habría inclinado un poco más la balanza por el platillo del bolero, frente al de ese tipo de charanga bailable (como la del entierro), dejando la misma cantidad de jazz en el centro.

··········Añadamos alguna otra cosa que me molesta: el antisocialismo primario (pobrecitos músicos, ¡cuánto perdieron cuando la isla decidió dejar de ser el burdel de los mafiosos de Estados Unidos!) y ese basado en una historia real que, vale, es algo que me despierta una extraña manía y eso es algo estrictamente personal, pero que aquí tiene el efecto de mostrar a los salvadores españoles de Bebo Valdés y lo que fue el trabajo de Trueba en el “Buena Vista Social Club”, pero ¿realmente tenía que autorretratarse también Mariscal?

··········Dicho todo lo cual, en conjunto la peli me resulta agradable. Incoherente que es uno.

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