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··········Como en la anterior que vi de él (que es posterior), me quedo con la sensación de que me he perdido algo –o mucho- de la poesía de la peli. Y en esta más, porque el tema es menos sensible, o está más mediado por otras cosas que cuando el protagonista es un niño y la relación es la paterno filial, que siempre es tan potente.

··········Lo que supongo que es lo importante en la historia (y que lo tenga que suponer dice ya bastante de la peli… o de mi falta de atención), la confluencia de un vago sentimiento de culpabilidad por haberse alejado del pueblo y de la madre con la sensación de atracción (ese pozo del sueño) que provoca la vuelta a los orígenes cuando no hay anclas verdaderas en la vida posterior que le devuelvan a la ciudad, no llega a implicarme bastante. Quizás algo la idea, vagamente reaccionaria, de que sólo se es creativo cuando se sufre de incompletitud (valga el palabro, que no está en el DRAE).

··········No interesándome mucho la historia, el tempo a la iraní no ayuda mucho. Leo por ahí que el director, cuando se le pregunta sobre eso, dice: los musulmanes somos un pueblo que se para unas cuantas veces al día para orar, es lógico que tengamos un ritmo diferente. Sí hay algunas formas que me gustan: los fuera de campo sustentados por el sonido, o unas tomas (primero de la madre, luego del hijo) de personaje acercándose por el camino –desde ser un punto al fondo a un plano americano- para entonces parar, mirar al lado, girar noventa grados y seguir avanzando, y que sólo entonces la cámara nos permita ver el cruce de caminos.

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