Etiquetas

··········Eficiente película de miedo ansioso, con su punto de a ver si adivinas quién es el malo, o si siquiera está aquí. Realmente, para crearnos malestar en el patio de butacas es una buena solución estar encerrados en un pequeño ascensor, con gente nerviosa y que periódicamente falle la luz. Curiosamente, en las pelis de miedo la oscuridad tiende a generar bloqueo y parálisis, pero si estás encerrado en un ascensor, la oscuridad es un motivo más para irte corriendo… hasta donde puedas llegar.

··········Teológicamente confusa –aunque es arriesgado quye yo opine sobre el tema-, uno no sabe bien cuál era el objetivo del diablo, ¿provocar el arrepentimiento no es más bien lo que corresponde intentar a las fuerzas del bien?

··········Todo lo que sucede en el ascensor me parece mejor filmado que lo que sucede en torno, que es más previsible y televisivo. Y en conjunto me parece una peli de miedo y acción pasable, aunque soy consciente de que el género es muy dado a tener un público muy militante, exigente y experto, para el cual ésta película será bastante floja.

·········· A v i s o . d e . i n d i s c r e c i o n e s

··········Hay una tontería en el guión tan de bulto que no me resisto a comentarla a riesgo de que no haya entendido yo algún sentido oculto. A saber: la policía en el exterior está intentando identificar a quiénes son las personas que están encerradas en el ascensor y saber algo de ellos. Cuando descubren que uno de los atrapados hizo una estafa piramidal que afectó a cientos de personas, deducen que todos los de la lista de los demandantes tendrían un buen móvil contra él. Pero si uno de ellos es quien ha actuado para meterle en el apuro en que está, no habría firmado en el registro de entrada del edificio, para evitar ser sospechoso. Así que un poli le da a otro el listado de los demandantes y el registro de entrada en el rascacielos y le encarga… ¡que localice quiénes de los demandantes no están en el registro!

··········No he podido evitar recordar, al asistir a esa peculiar construcción de una prueba criminal, lo que el Supremo llama los contraindicios cuando prohibe los partidos de la izquierda nacionalista (valga el oxímoron) vasca.

Anuncios