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··········Una curiosa peli de Murnau, 1925, retomando la obra de teatro de Molière. Digo curiosa porque, ya tan tempranamente, se usa el propio cinematógrafo como instrumento dentro de la propia película, para narrar una historia dentro de otra, a la vez que como astucia de uno de los personajes de la historia madre para poner en evidencia a otro mediante el ejemplo de la historia hija (que es la que reproduce la obra de Molière). Y esta originalidad alcanza a que las, digamos, maneras de una y otra historia son diferentes. La historia derivada tiene un estilo mucho más de cine mudo clásico, mientras que en la historia original que la envuelve hay lo que a mí me parece mucha modernidad, más expresionismo en las luces y sombras y una gestualización menos retórica y más matizada. No hay ni punto de comparación entre el Emil Jannings (Tartufo), un tanto acartonado, y la magnífica Rosa Valetti (que saldría también en “M” y en “El ángel azul”).

··········También me parecen muy apreciables técnicamente cuestiones de iluminación. Hay secuencias con una criada bajando una escalera a oscuras, sin más luz que la de la vela que porta, y ésta ilumina realistamente lo que alcanza y a la vez la escena es visible. O un escupitajo, en una toma a distancia, perfectamente visible por un reflejo de luz en un momento de su trayectoria. Y sorpresas como que uno de los personajes se vuelva a cámara –sólo en un momento- para indicarnos personalmente lo que va a hacer.

··········Y, en fin, Murnau saca partido a la crítica de Molière a algunos hipócritas fundamentalistas religiosos para un caso bien diferente de abuso de un anciano por medio de su aislamiento, y también para advertirnos al público si no serán también hipócritas los que se sientan a nuestro lado.

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