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··········Vaya tontería de peli. Por una parte, como peli milenarista o de monstruos o de ficción científica, no me parece que valga gran cosa. Atendiendo entonces a su publicidad, hay que entender que es simplemente una historia romántica indie (mandagüevos) en ese contexto original. Pero –aunque es cierto que tiende a no gustarme demasiado el romanticismo- es que como historia de amor tampoco se sostiene (lo que es comprensible en las cosas de poco peso): chico y chica viajan juntos en duras circunstancias, y al final –tras observar la cópula de dos pulpos- se dan un beso en presencia de los marines que vienen a rescatarles. Sus grandes dramas son que él dejó preñada a una mujer y ahora tiene un hijo no reconocido ni reconocible, y que ella no está segura de querer casarse con su novio. Ése es todo su contexto anímico, y en él desarrollan un vago flirteo; desarrollan es un eufemismo.

··········Pero ya digo, el fracaso lo veo más en la otra faceta. No sé si el director (que también hace los efectos visuales y un par de cosas más) ha tenido que hacerla con poco dinero (o que tiene que parecer eso si eres indie). La cámara tiende a estar lo bastante cerca como para que no haya que construir o filmar un fondo, y si lo hay se desenfoca, y lo demás por la noche, con unas linternas que debían estar en el atrezzo de alguna peli de los años cuarenta (mientras, eso sí, pasan por el aire supercazas).

··········De manera que los monstruos que, te guste o no, deberían tener algún papel en una peli que se llama así, quedan bastante en sombra en todos los sentidos. Tampoco se pierde mucho, porque no se han quemado mucho las cejas: son pulpos, de buen tamaño, pero pulpos –que es cierto que como bichos son raros de cojones, pero quien más quien menos ya se ha comido alguno y eso quita tensión a la cosa. Como es difícil hacer moverse a un cefalópodo en tierra, sobre tentáculos sin esqueleto, se les pone –sólo a veces, si alguien mira- una patas de quitina tipo alien. Yo paso más miedo con el más torpe instrumento de una peli de Ed Wood que con éstos.

··········¿Y la sociedad que tiene que convivir con unos pulpos gigantes que han venido del espacio sideral? Bueno, salvo los militares, que se dedican a eso profesionalmente, los demás ciudadanos llevan su vida cotidiana, temiéndoles, pero no mucho más que a los mercados o a la gripe A, que está la vida muy apurá.

··········Si me pusiera a contar incoherencias, os aburriría demasiado. Digamos sólo alguna de bulto. Una es propia de los yanquis, que es tópico ya decir que no saben nada de geografía de fuera de sus Estados: en la peli hay una zona contaminada por los bichos, y se ve de vez en cuando marcada sobre mapas en algunos carteles por la calle: es el norte de Méjico, la baja California, todo lo que es la frontera entre ambos Estados Unidos. Pues bien, cuando la pareja emprende su viaje para volver a su país, tienen que pasar un control del ejército… guatemalteco. Por no hablar de que en la frontera del Río Grande, la parte sur la ocupa ¡la selva! (¡hasta con una pirámide maya o azteca!), mientras que la norte –se ve que eso les suena más- sí que podría parecerse al desierto de Arizona. Otra: el protagonista es un atribulado fotógrafo de prensa, a la caza de obtener fotos en vivo de los bichos, porque sólo ha logrado fotografiar sus restos, tras algún combate; pues bien, todo el rato vemos en televisores imágenes sin pausa de bichos vivos rompiendo cosas en plan Godzila, ¿por qué nuestro héroe es mucho más torpe que cualquier camarógrafo de televisión?, ¿a quién piensa vender unas fotos de algo que está mil veces grabado en video?. O la simpática presencia de máscaras anti-gas, que lucen mucho, muy melodramáticas, también del atrezzo del siglo pasado, que los protagonistas y los extras se ponen y se quitan arbitariamente sin que sus pulmones tengan ninguna reacción. O la peculiar circunstancia de que a nadie se le ocurra pedir una transferencia de dinero en unas circunstancias en que hay que comprar unos billetes para el último ferry. Todo así, pero ya digo, igual es que había que fijarse en la nohistoria de noamor.

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