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··········Como yo tengo esa tendencia a interesarme más por lo social que por lo trascendente, tendré que empezar por decir que encuentro algunas incoherencias y fallas de información en el planteamiento de esta peli. En la decisión que han de tomar estos monjes del císter sobre si abandonan el Atlas en los tiempos duros de la guerra entre el FIS y el gobierno argelino, se pierde uno en la argumentación de su relación con la aldea en la que viven, porque el contacto –más allá de las relaciones de vecindad- es el del dispensario médico, que sólo explica a uno de los ocho monjes. Sin embargo, se les presenta –y ellos lo perciben así, y los aldeanos parece que también- como la institución clave de esa comunidad, cuando se trata si no de una clausura sí de una comunidad en vida monacal, de mucho orar, cantar y trabajar para cubrir las propias necesidades.

··········Lo mismo habría que decir de presentar las cosas como un choque entre fanáticos y religiosos razonables, omitiendo (salvo una referencia momentánea a un “gobierno corrupto”) que esa guerra fue la consecuencia de que a algunos no les gustó el resultado de unas elecciones y decidieron anularlas a balazos.

··········Pero es que, ciertamente, la peli no tiene una perspectiva verdaderamente social, sino que le interesa más algo muy diferente, que tiene que ver con el miedo, la gestión de éste mediante la vida en comunidad, y, sobre todo, la complejidad de la decisión que han de tomar y el arrastre sobre ella de lo poco que sabemos de esas personas. Desde ese punto de vista, tampoco me parece una peli redonda, porque hay una especie de inconsistencia en la progresión dramática de los sucesivos cambios de postura de los ocho monjes principales respecto al dilema de irse o quedarse. Por ejemplo, el primer contacto del abad –casi chulesco- con los guerrilleros islamistas, resulta un poco incomprensible; pero más que eso se trata de lo poco o mal (para mis entendederas) que se explican los sucesivos cambios personales.

··········Con todo, es una peli elegante. El tema daría para mucho más efectismo, y es bastante sobria; sin abusar de ellas, tiene secuencias potentes como la del helicóptero y una especie de pentecostés (que uno, poco tocado de la gracia divina, lo ve casi como un homenaje báquico). Así que en conjunto me parece interesante, pero conviene saber antes de ir que de las dos horas de duración cerca de la mitad serán oraciones y cantos a capela en la capilla.

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