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··········Entre las muchas cosas que me gustan de esta peli, está una especie de homenaje a la representación, al teatro en su sentido más global. En al menos tres escenas, lo que se filma para nosotros es lo que aún no se ha filmado para la peli cuya elaboración se cuenta: trabajos de ensayo, en los que la ausencia de vestuario, de un decorado completado, de la figuración en su sitio, …, no sólo no disminuye la transmisión de la emoción, sino que casi la refuerza, lo confía todo al texto y, sobre todo, a esa capacidad de transmitir en su enunciación lo que éste dice y lo que a veces oculta. Para mí esas escenas son de las más poderosas y emocionantes (dentro de una peli potente y emocionante). Aunque puestos a hablar de fuerza, ahí está ese crucifijo colgado de un helicóptero, que se sobrepone a cualquier sensación de falso efectismo, como el crucifijo (misionero incluido) cayendo por unas cataratas en “La misión”.

··········Es una peli de acción, con tiempos bien medidos y en la que es difícil perder el hilo o desinteresarse. Hay un par de momentos que a mi no me acaban de gustar: el final de la odisea en busca de la niña y las conversaciones hospitalarias siguientes, y una cierta pérdida de las referencias temporales al final, cuando se enlazan tomas que parecen estar en los últimos momentos de los disturbios (el cura con la campanilla) con otras en los estudios de atrezzo que, sin embargo, a la vista de la presencia de un Daniel libre y sano, deben corresponderse con un tiempo bastante posterior. En fin, minucias.

··········Pero sobre todo, me parece una peli interesante e inteligente en el planteamiento de los temas de la responsabilidad personal en los conflictos colectivos, de las manos sucias –que se pringan- y prácticas y las manos limpias que pueden servir sólo para una salvación individual. Eso no sólo se hace jugando con las actitudes que los personajes van tomando frente a los conflictos, revelando lo fácilmente que asignamos etiquetas (el implicado, el interesado, el escéptico, …) que fracasan cuando enfrentamos a las personas a la vida real (no a la cómoda y protegida de nuestra parte del mundo y de las clases). Sino que también se hace con un guión en que los atribulados espectadores tenemos que enfrentarnos, acompañando a los personajes, a dilemas interesantes (como el de director y productor en la cárcel). Pocas cosas son más actuales y pedagógicas que el aprender a tomar postura cuando hay que elegir entre la resistencia global a la inmoralidad global y la efectiva resistencia concreta, o cuando hay que gestionar la culpabilidad derivada (la de ser un blanquito situado en Cochabamba en los tiempos de la guerra del agua), que es, a la manera del pecado original de los católicos, algo que en realidad no nos es imputable inicialmente (enseguida ya sí), pero que corrompe siempre nuestra posición y nos convierte –en el mejor de los casos- en transadores culpabilizados.

··········Y esto, que se podría conseguir con una historia completamente inventada, se hace con un conflicto real, paradigmático de la resistencia de los ciudadanos americanos contra el capital en su actual estado de salvajismo mercatista. Resistencia que además, vista desde la vieja y entregada Europa (donde a lo más que se llega es a discutir cuánto te quitan de pensión), contiene la poca ilusión que hoy en día uno puede tener en el futuro.

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