Etiquetas

, ,

··········Hay temas que el cine retoma una y otra vez, y sin embargo uno sigue considerándolos necesarios. Nuevamente los progromos de judíos y el traslado a campos de exterminio, esta vez desde París. Pero en esta ocasión se añade una peculiaridad: al tratarse de una operación realizada por la policía francesa (pese a ser zona ocupada, y no la de Vichy), no está igual de documentada que las alemanas, al punto de que parece que no hay ni fotos de toda la operación del Velódromo de Invierno. Y es, además, el prototipo del colaboracionismo: es la república francesa la que entrega a sus ciudadanos judíos a la maquinaria nazi de exterminio. La parte más interesante de la peli es la labor de recuerdo de esos hechos, y el mensaje de la necesidad de conocer cada nombre, cada destino. De retornar a cada uno el derecho, al menos, a su historia. Claro que es Francia, con todas sus contradicciones; en España reivindicar eso es guerracivilismo por lo visto, allí al menos un Presidente tan de derechas como Chirac puede reconocer públicamente esos hechos, admitiendo la imputabilidad del crimen al Estado francés.

··········No obstante, uno se pregunta si, tras el 45, se depuró o no a esos gendarmes implicados o si, como suele suceder, sólo se castigó a los colaboracionistas que no formaban parte del aparato estatal. Éste tiende siempre a proteger a los suyos, incluso cuando cambia su cúspide jerárquica. Si siempre es interesante el tema de indagar qué conocía y qué no la población europea que asistía a esos hechos, no lo es menos el de la existencia cierta o no del miedo insuperable que pudiera alegar cada autoridad implicada, hasta el último gendarme. Al final, casi siempre hay un momento en que cabe tomar una decisión, siquiera pequeña, parcial, pero que supone la vida o la muerte de alguien.

··········Y de eso habla bien la peli, aunque yo le encuentro muchas objeciones que van dichas más abajo. La narración en dos secuencias cronológicas diferentes me parece eficaz, pero creo que funciona mejor la que se refiere a los años cuarenta que la de la actualidad.

·········· A v i s o . d e . i n d i s c r e c i o n e s

·········· Hay al menos tres cosas que no me gustan nada en la peli. En primer lugar, algo que no funciona: el descubrimiento por la periodista de la relación casual de la historia de una de las víctimas con la familia de su cónyuge dispara una tensión, una especie de afloramiento de una culpabilidad oculta que no se entiende (de hecho, luego queda claro que el comportamiento de uno de los miembros de esa familia fue más allá de lo obligado). Si ha quedado claro que la familia judía vivía en régimen de alquiler, el que tras su deportación entrara a vivir ahí otra gente no tiene nada que ver con un expolio de bienes; ¿por qué entonces esa necesidad de ocultarlo todo, ese miedo a que se investigue? Todo el tiempo te transmite la peli la sensación de que esa gente oculta algo, y no hay tal.

··········En segundo lugar, un elemento argumental que a un nivel poco obvio me parece bastante tramposo: la asociación de ideas entre el aborto de la periodista y el holocausto. El que ella decida tener a su criatura (y llamarla también Sarah), el que no sea capaz de abortar (pese a ser un embarazo de riesgo, y una criatura no deseada por una parte e inesperada para la otra, pese a que vaya a suponer la ruptura familiar) por su implicación emocional con la historia que investiga, me parece que no es casual, sino la voluntad de los autores de que el público identifique la interrupción del embarazo con la deportación y el exterminio de seres humanos.

··········Y en tercer lugar, conforme avanza la película, y en la secuencia temporal que se refiere al hoy en día, digamos que se ‘americaniza’ en el peor de los sentidos: esa afectividad ampulosa, exagerada, sobre tópicos (“entonces, toda mi vida es una gran mentira”, amosnomejodas, tu vida ha sido tu vida supieras o no qué le pasó a tus abuelos). Hay escenas patéticas como la entrevista entre el italiano William y su padre moribundo (quien por cierto, pega un brioso brinco de la cama para ponerse un güisquito, pese a estar en las últimas), y otras casi tanto, como las entrevistas entre la periodista y William. Es curioso que la gente que parece más sensible a los temas de la identidad personal (genealógica) sea la que menos establemente sabe quién es, y la que se puede desarbolar por conocer una historia antigua sobre una casa o unos abuelos.

Anuncios