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··········Es como haber visto tres películas por el precio de una. Empieza con una historia rural, de señoritos andaluces y campesinos pobres, luego hay un documental sobre animales y por último se intenta retomar la historia, pero como con prisas, sin cerrar las cosas. Salvo esta tercera parte, las otras dos son competentes y entretenidas.

··········En esto de los documentales de naturaleza, uno de los vicios más habituales cuando se intenta hacer un producto de masas es la personalización de los animales. Por medio de un montaje elaborado, se ven en muchas secuencias a un lobo, o incluso una lechuza, gesticulando o mirando casi con los movimientos musculares que hacemos los humanos. Es una especie de “solución disney”, que en una historia de ficción no me parece tan mal. Esta peli, aún más que de eso, peca de otras cosas que incluso para un indocumentado como yo no resultan creíbles (a lo que desde luego ayuda el siempre deprimente letrero de “basado en una historia real”), como que se pueda espiar una jauría de lobos desde apenas unos metros, en situaciones de no ventolera, sin que ellos lo acusen, o que un animal de éstos le acerque un filetito a un niño hambriento. Es más creíble el amamantamiento de un Rómulo por una loba que llevarle una pieza de carne a la cueva a un mozo.

··········En todo caso, es funcional para el mensaje –un tanto pobre- de la peli: los animales salvajes tienden a serlo bastante menos que los humanos, y se aprende cosas más útiles y morales de aquéllos que de éstos. No es así, claro, pero no está de más fingirlo a veces cuando le cuentas un cuento a un niño, para que aprenda a poner el salvajismo en su contexto y para que, precisamente al contrario, comprenda que es por ser humanos que no podemos ser salvajes con los demás.

··········La tercera parte de la historia queda apresurada (se ha gastado muchísimos minutos en el documental) y torpe; se van sembrando ideas que no se van a desarrollar, como la relación con la muchacha o el ansia de volar y se malbarata la historia del maquis.

··········Chocan un poco gente tan urbana como Brendemühl y Eduardo Gómez moviéndose torpemente en el campo. Salvo ellos y un Ballesta desprovisto de sus artes, los demás funcionan bien, especialmente el chico, nada pringoso.

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