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··········Un documental agotador, con un ritmo endiablado. Eso no me resulta molesto, antes al contrario, lo mejor que tiene es la idea de cómo aproximarse a la vida de Genarín –y a su culto posterior- de una manera original, simpática y apropiadamente gamberra. Pero me agota –manías mías, lo sé- una impenitente música (casi siempre jazz en plan big band, mucho metal) que se instituye en protagonista, a un volumen cercano a lo insoportable.

··········Tampoco son de mi gusto las recreaciones históricas. Más cuando, para cubrir el tiempo del narrador, se repite hasta la saciedad la misma toma o se hacen secuencias tan agotadoramente falsas como las de la fiesta en casa de Rico. También cansa la facundia filosófica del narrador en los últimos minutos.

··········Pero en conjunto, me parece interesante. Cierto que está rellenada con testimonios carentes de interés, pero eso es parte del estilo desvergonzado y cachondo con el que está hecha. El hilo inopinadamente japonés que se usa para devanar la historia es, de absurdo, simpático. La mezcla de materiales antigos (fotos, diarios, alguna filmación) se hace con ingenio (y a menudo con trampas, intercalando de otros lugares y tiempos) y permite rellenar muchos minutos. La rotulación y el capitulado también son bienhumoradas.

··········Así que a mí me resulta simpática. No sé yo si de verla alguien que no conozca a Genarín (sea por no ser leonés o por no haber leído el libro de Llamazares –el ausente-), no dará en pensar que es uno de esos falsos documentales. En tal caso, se cura fácil: con ir a León en Semana Santa y levantar un orujo, hecho.

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