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··········Aunque venga de Sitges, y la relacionen con películas sobre la tortura, no me parece en absoluto una peli gore. Es más bien una de esas que te sugieren un montón de temas a partir de algo, aquí a partir del dolor como creación (en el doble sentido de creación artística y de lo que crea, lo generador).

··········¿De qué? Bueno, para cada uno de los atribulados personajes, el dolor, el sufrimiento se usa para construir algo diferente. El dolor que redime, el que está detrás de todo el martirologio religioso (aquí es sobre todo el San Sebastián asaetado, pero no muy diferente es el de Cristo). El sufrimiento como compensación o conjuro de la anorexia de la chica. El dolor socialmente asumido como el de la mujer golpeada por el novio. El del boxeador que lo ha de pagar como precio para que se justifique así su vida. El del artista intentando desbloquearse. El que intenta con el suyo absorber el de los otros.

··········Lo que resulta muy sugerente son las muy diversas moralidades del sufrimiento. En primer lugar por la diferencia entre quien quiere trascender, purificar el espíritu dañando el cuerpo… de otros, y quienes usan su dolor para pagar, para intentar pagar y parar la enfermedad de otros. Los sufrimientos que elevan, que tienen una utilidad social, pero que sólo lo aportan unos para beneficio de otros. La demoledora visión sobre cierto tipo de arte de performances que no intentan sino satisfacer pulsiones sádicas del público, que no son en realidad tan diferentes de las del boxeo.

··········En cuanto a las formas, aunque me gusta el tono general, hay algunas escenas de esas a base de gritos histéricos que me parece que desmerecen, cuando ya la historia aporta suficiente intensidad: la conversación hijo / madre, la reacción del artista al acabar el tiro al blanco, … Bueno, y algo de cámara temblona y de manotazo que vacía la superficie de una mesa, pero sin pasarse.

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