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··········Como película de sustos y miedos funciona, si uno no pide mucho. Las puertas suenan, la luz escasea, ruidos, brincos, psicóticos y madres de psicóticos (bastante mala gente a su vez), decisiones tontas, malo erróneo, y su toque gore (ojos, Buñuel, no os digo más).

··········Lo que pasa es que el exceso en estas cosas hace que por fuerza tiendas a quedarte en un uso superficial de la peli, como mero mecanismo de chutes de adrenalina (tampoco de intensidad excesiva, se puede ver incluso con arritmias). Porque si quieres entrar en implicarte con la historia, te lo impiden las tontadas habituales: aquí principalmente dos, la absurda decisión de la protagonista sobre dónde pasar la convalecencia, y la increíble relación adúltera a distancia que se cuenta como parte de la explicación.

··········A mí me resulta simpática la explicación sobre los tipos invisibles: no sólo la constatación de su existencia y su descripción indescriptible, sino, más hacia el final, la afirmación de lo difícil que resulta ser voluntariamente así.

··········La casi monocromía y algún efecto en el proceso de pérdida de visión me parecen apreciables y funcionales a la historia. Por lo demás, lo dicho, para pasar un ratillo en cine-merendero en sesión de verano.

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