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··········Hay un par de cosas que me resultarían interesantes en esta peli: la responsabilidad moral de calificar a otra persona (y que es aún más grave que la del juez quien, a la postre, lo que califica son unos hechos) y el concepto del pecado como mancha, como suciedad perpetua, incluso cuando ya no se está cometiendo o cuando aún no se ha cometido. La autoconciencia terrible del personaje de De Niro es esencialmente la de ser malo, bombardeado continuamente por una cantidad de mensajes religiosos en esa visión de las religiones mediáticas, que pretenden llenar con interpretaciones bíblicas cualquier duda por peregrina que sea, pero que difícilmente dota de armas para enfrentarse al propio mal.

··········Eso me gusta pero, por lo demás, confieso que aquello que debe ser esencial en la trama, la evolución de los personajes, me resulta bastante incomprensible en dos de ellos –los dos jóvenes- y me deja confuso. Quizás la peli no lo sea, y solamente yo no entiendo hasta qué punto preso y cónyuge están desarrollando un papel elaborado o va evolucionando él de acuerdo con el daño mental que produce la cárcel o si ella sólo se divierte o tiene verdadero interés en la presencia de su marido. En fin, que no les sigo. Y siendo una historia de personajes más que de hechos, pues me deja la peli bastante vacía.

··········Más comprensible –vaya, no comprensible sino humanamente creíble- me resulta la relación del matrimonio mayor, vaciada desde hace tanto y rellenada de una rutina que en realidad no salvaguarda de la desazón anímica a ninguno de los dos. Para colmo, ¿por falta de atención?, tampoco entiendo demasiado del incendio final.

··········Por lo demás, tampoco en lo formal me dice nada. Así que si no llega a aburrirme es porque no es muy larga.

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