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··········Empiezo repitiéndome, pero no soy yo, son ellos: las últimas comedias románticas que voy viendo son más y más románticas, y no divierten mucho. Aquí los secundarios, que a menudo son los encargados de esto, no es que estén mal dibujados, incluso físicamente, pero no hay buenos diálogos para ellos ni demasiados gags. Vaya, tampoco es que no sonría uno nunca, pero la cosa es más de enamoramientos.

··········Aunque, por mor de la trama, el cinismo de su planteamiento desposee del tono pastel a casi toda la historia, al final se cede a los amaneceres, las carreras de los amorosos amados uno hacia el otro, etc. Pero bueno, al haber hecho el planteamiento de una historia en que un especialista sabe fingir perfectamente la intensa afectividad del enamoramiento, con fines crematísticos, hay que reconocer que no deja de haber una burla hacia lo tópico y consolidado del imaginario colectivo del suceso romántico: igual que hay novelistas, fotógrafos, cineastas bien entrenados para reproducirlo ad nauseam, ¿por qué no va a haber quien sepa representarlo en real con eficacia?

··········Lo mejor de la peli me parece esa idea (y la derivada de que el profesional que descuida las normas y prohibiciones del oficio se vuelve chapucero e incompetente) y un ritmo entretenido. Lo peor, quizás, alguna incoherencia básica que persiste durante toda la historia: si toda la compleja operación que nos narran es sólo a cambio de cincuenta mil euros, no tiene sentido ver a los profesionales gastar continuamente cantidades tremendas (¿cuánto cuesta una noche en ese hotel, una entrada a un concierto en Monte Carlo, …?), haciendo que funcione mal la historia paralela del riesgo físico con los prestamistas a que se encuentran sometidos. Cierto que en las comedias a veces somos más laxos con esas cosas, pero no hay motivo.

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