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··········Antes de los títulos de crédito, hay unas tomas documentales (no creo que lleguen a dos minutos) en las que hablan algunas ancianas que fueron presas durante la última guerra civil y su eterna postguerra. Pues bien, hay más interés y emoción en esos segundos que en el resto de la peli.

··········Lo mejor de ésta, es que se hagan pelis sobre el tema. Yo mismo, casi anciano y de natural curioso, hace menos de diez años que me enteré de que hubo entonces robos de niños de encarceladas para entregarlos en adopción (o sin ella, por la cara) a familias de orden. Aún hay que escuchar y leer cada día quejas de la caverna (el búnker, decíamos entonces) porque se intente saber lo que pasó y dar digna sepultura a los muertos, cuando seguimos desposeídos de nuestra memoria colectiva. Por eso, es de agradecer que se haga la peli, y que se ponga en pantalla a Vallejo Nájera, para deshonrarle como al doctor Mengele en las películas de nazis.

··········Pero, ya que se hace, por qué no hacerla con un poco de cuidado. Está llena de fallos de todo tipo: detalles visuales tan tontos (pero que estorban al espectador) como ver a la gente fregar suelos o cocinas sin agua. O detalles absurdos que para admitirlos como posibles (y que no le saquen a uno de la historia) merecerían alguna explicación argumental: como que tras el robo de los niños sigamos viendo niños continuamente en la cárcel (sin que nos expliquen la diferencia entre unos y otros); o la presencia como almaceneros de dos sanos mozos en edad militar en plena guerra civil, con bastantes quintas movilizadas en ambos bandos; o que se deje a una persona encerrada en una iglesia para que se aprenda el rosario en plan autodidacta, sin más instrumento de aprendizaje que el atadillo de las cuentas.

··········Pero más gordos son otro tipo de fallos: la relación entre presas y monjas mercedarias resulta continuamente incoherente. Las presas interpelan cuando quieren a las del hiyab, mientras que otras veces parecen aterradas, y llega a haber monjita que pide permiso para entrar en una habitación donde sólo hay una presa fregando. Y lo esencial: prácticamente todas las escenas que deberían ser las puntas emotivas de la historia fallan. Hay una fuga tan absurda que la mujer que se está fugando abre inopinadamente ¡saliendo aún de la cárcel! el cesto en que está escondida, seguido ello de una persecución tan increíble que sólo un acantilado permite que unos soldados ¡a caballo! alcancen a una muchacha frágil y mal alimentada. Hay un canto de La Internacional que debería funcionar como emocionante y se estropea volviéndolo inverosímil (de pronto los carceleros dejan a su aire a un grupo de presas fuera de la cárcel ¡porque llueve!) y pringosillo (con una mercedaria lloriqueando con una rabieta). Y un motín que se resuelve porque alguien utiliza un silbato, sin el cuál, por lo visto, los soldados no saben que están en una cárcel y tienen que vigilar a las presas. Son detalles, claro, pero la acumulación es continua; es como si todo estuviera hecho con descuido o desinterés. Una pena.

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