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··········Me sorprende, porque empieza siendo una historia muy clásica, de abuso institucionalizado sobre las mujeres (boda concertada, explotación laboral, maltrato doméstico), contada muy clásicamente (con lo que para nosotros son algunos detalles etnográficos, no para la autora). Para pasar de pronto a usar el realismo mágico para dejar desarrollarse la historia escapando de la sordidez.

··········Uno de los juegos visuales, el uso ocasional del blanco y negro, no lo acabo de ver claro. Uno es como es, y al no encontrar una pauta respecto a cuándo se pasa del color al otro, sólo me sirve como elemento de despiste. Tanto se hace en escenas dramáticas como en tomas más banales. El otro elemento de sorpresa, el mágico, que no cuento aquí, me parece más sugerente.

··········Me gusta que se cuente el mecanismo de defensa, de autoprotección que tan a menudo usamos muchos, la construcción de una realidad parelela donde lo malo no sucede, y cómo se naturaliza la fantasía. Hasta el punto de que la protagonista no tiene conciencia de estar haciendo magia y cae en las trampas de ésta. Y también me parece interesante la posición del marido, que –aunque eso no le justifique, y menos aún inmigrado desde hace años en Canadá- parece a su vez estar viviendo una vida representada, diferente a la que siente, seguramente encerrado en su armario. Y la maldad de la suegra, siendo casi cómica en sus boicots a la noche de bodas. Y la niña, aprendiendo cuál va a ser su papel como mujer y esposa, intentando mantener algo de alegría.

··········Pero por lo demás quizás es un poco baja de emoción, algo fría para la historia que cuenta. Cumple las condiciones del test de Bechdel.

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