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··········Me parece una peli emocionante a la manera de cualquier clásico del cine negro. La evolución simultánea de una trama penal, otra de lealtades y sistemas de valores paralelos al oficial, otra de tragedia griega de seres humanos peleando por sobrevivir en una realidad fatal que les supera, con una visión despiadada de las condiciones sociales, una expresión física de la violencia de las relaciones y el estilo oscuro y sórdido, dan lugar a una peli de género perfecta.

··········Los héroes doloridos, con sendas derrotas a sus espaldas, que se encuentran como dos barcos en la noche y que por tanto deben desayunar juntos, aunque sea en una gasolinera. Creo que una de las funciones sociales del cine negro es la de obligar al público a situarse ante una realidad en la que no puede elegir ser de los buenos, porque de eso no hay, sino intentar mantener unos ciertos valores (ni siquiera siempre, ni siquiera bien) y unas escasas y firmes lealtades. Darín (afortunadamente contenido) y una magnífica Gusman (que es la presa de “Leonera”) son de ese tipo de héroes de cine con quienes desde el principio te subes en la montaña rusa, aún sabiendo que suelen despeñarse.

··········La historia, que tiene alguna complejidad, y algún momento que yo no veo claro como que al final el carancho esté operando sin licencia ante un notario, me parece bien contada y comprensible. Visualmente me parece muy eficaz, sobre todo en lo hospitalario. Me decía K que la violencia le parece muy Tarantino, a mí no; no es –digámoslo así- gratuita ni esteticista, sino la habitual en cualquier novela negra, con la circunstancia de desarrollarse en buena parte en un hospital. Hay, claro, palizas y heridas, pero creo que se evita el gore, y continuamente hay detalles que hacen elipsis de lo más desagradable (son tonterías, pero se evita filmar agujas entrando en venas, el tiroteo final o los accidentes de tráfico no tienen explosiones de vísceras, los pacientes no se filman en sus heridas abiertas…), salvo, eso sí, algún martillazo.

··········Hay algún problema con conversaciones colectivas cruzadas que se pierden en el sonido directo (también influye el acento, claro, y el argot de trabajadores del mismo oficio). Y hay que dejar pasar los tres primeros minutos de peli para que la cámara se aleje un poco del primerísimo plano (y desaparezca una molesta música) y se empiece a poder ver la peli. Pero, vamos, eso por decir algún detalle malo; en lo demás, emocionante.

··········La película cumple las condiciones del test de Bechdel.

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