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··········De las dos partes diferenciadas que tiene la peli, encuentro extrañamente atractiva la primera, la filmada en blanco y negro. Narrada a la vez que ilustrada por las imágenes, te obliga a saber dos veces cada cosa. Casi más que un cuento, parece un informe en el que cualquier elemento sentimental está depositado en los personajes y contado fríamente por el narrador.

··········En el paso al color, la recuperación de la memoria del hecho (¡viendo “Aro Tolbukhin”!, qué cita más aviesa) y la reacción de histeria consiguiente ya me gusta menos. Dejando de lado la forma de reaccionar de Elisa (que puede que clínicamente sea posible), al dejar de narrar a partir de ahí las formas de asumir el pasado y algún ‘estilismo’ en los diálogos que venían siendo tan naturales (por ejemplo, la cita inopinada a Martin Luther King) me desmerecen el resultado final. Con todo, una peli a la vez original, interesante y atractiva.

··········Es curioso el contraste entre el recuerdo positivo, algo que también se archivó sin comprenderlo, como el asunto de las calificaciones escolares, y el negativo, que al volver a la vida no sólo trae los hechos, sino los sentimientos naturalmente asociados a éstos y que en su momento no se vivieron por el proceso de negación y olvido. De todas formas, me sorprende un poco la claridad de la conciencia de lo sucedido, cuando es tan fácil mediatizarlo con los imaginarios sociales e individuales. Me parece que, más a menudo, cuando se recuerdan esas cosas, uno apenas podría asegurar algo concreto y más difícilmente cuestiones como la duración, la intensidad, la repetición…

··········La película cumple las condiciones del test de Bechdel.

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