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Sección horizontes latinos

··········A veces, una imagen justifica una peli entera. Ver a dos forenses, ante el cuerpo del compañero Presidente Salvador Allende, incapaces de abrirlos con los cuchillos para hacer el análisis interior de la autopsia, es emocionante. Ante un buen grupo de oficiales felones de todas las armas chilenas. Lo malo es que haya que justificar toda la peli con esa escena.

··········No es que la historia no me interese. Una pasión crepuscular de un oficial del Instituto Forense con una vedette de cabaré venida a menos. Pero el tono, voluntariamente tristón, apagado, resulta demoledor.

··········No es ya un problema de exactitud, sino de exasperante fijación en una escena, que no aumenta ningún sentimiento estético, ni otro relacionado con el argumento. Filmar dos minutos o más de coito con la cámara mostrando una garganta, o tres o cuatro minutos de movimiento de muebles, u otros dos minutos de ataque de llanto. Que esa es otra: hay picos emotivos como ése, o como el abrazo al niño que carecen de explicación y que sólo sirven para que el ritmo mueva aún más a confusión.

··········Una peli desolada que, para cuando llega al momento social (una morgue en Santiago de Chile en septiembre de 1973), a mí ya me ha expulsado.

··········La película sólo cumple la primera condición del test de Bechdel.

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