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··········¿Una “comedia romántica” no debería ser la suma de las dos cosas? La verdad es que en cuanto una historia de amor no tiene un gran dramón dentro ya se le llama comedia romántica… aunque no haga gracia.

··········Yo diría que aquí ni se intenta. No hay ningún trabajo de humor en los diálogos. Hay un par de personajes que podrían ser graciosos (la amiga, el niño), pero no hay ninguna voluntad de que lo sean; otro está interpretado por uno de esos tipos que ya traen de fábrica la cara de cómico (Jeff Goldblum) y se le castiga a un papel anodino.

··········Lo mismo con la trama. Una única anécdota (lo demás es ya la historia de amor –de esas de: pase lo que pase, vosotros sois medias naranjas, que lo han escrito aquí los guonistas, así que podemos pasarnos la peli explicándoos por qué no os queréis, que acabaréis juntos sí o sí-), sin malicia (hay que hacer que el acto que dispara la trama ni siquiera sea realmente voluntario, sino en estado de intoxicación etílica), y que encima nos la explican tres veces, ¿por si nos hemos dormido?

··········Y esa manera de interpretar tan habitual en muchos yanquis de ahora: un actor interpreta a un personaje que resulta ser un sujeto que interpreta su vida, en vez de vivirla; esa insufrible emisión continua de gestos hechos, que existen como las frases hechas.

··········Visto lo cual, renuncio a intentar decir algo de interés sobre el tener hijos porque sí, con o sin alguien, y seleccionando presuntamente caracteres personales. Chúpate ese guisante amarillo rugoso, Mendel.

··········La película no supera el test de Bechdel en su tercera condición.

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