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··········Un interesante documental sobre los episodios previos a lo que fue después el holocausto nazi de los judíos europeos. La época de la segregación legal, la expoliación económica y el progromo posterior y las primeras deportaciones masivas.

··········Como película tiene un formato correcto, un tanto de documental televisivo. Nos ahorra, eso sí, esa pesadez habitual en muchos documentales actuales de planos presuntamente artísticos que ni aportan nada a la información ni tienen relación estética con el tema. Aquí el material es básicamente la intervención a cámara de historiadores, personas implicadas directamente, familiares o algún funcionario del fisco; y el resto son imágenes y documentos de época coherentes con lo que se narra. Eso sí, nada de organización capitulada, de resúmenes o de aportación de datos numéricos más allá de lo que cada cual diga.

··········Pero lo interesante es el tema en sí. Por una parte, por lo que informa acerca de cómo fue el proceso desde el punto de vista administrativo: esa sorpresa que nos producen los alemanes por su capacidad para organizar y regular cualquier materia, para normativizar el expolio. Curiosidades como la impantación de un impuesto-sanción a los judíos por haber enojado tanto a los alemanes arios como para haber provocado el progromo de la noche de los cristales rotos. O los impuestos expropiantes por emigrar al extranjero y la regulación posterior para desposeer de la nacionalidad al emigrado y quedarse con el resto. O el obligar a unos deportados empresarios judíos a hacer un consejo de administración de su empresa en Dachau, para dar legalidad a su cesión de la dirección de su negocio. O en fin, el criterio utilizado por el nazismo en esa fase para determinar la condición judía, que, a despecho de las investigaciones de tipo lombrosiano, se basó en algo administrativamente más comprobable: la religión de los cuatro abuelos.

··········Pero el otro tema es más interesante para mí, la habitual cuestión de qué mueve al pueblo alemán a sumarse a la barbarie, más allá de los momentos de exaltación. Aquí se aportan claves muy claras del gran beneficio económico que el racismo antisemita supuso para el conjunto del pueblo alemán. De un lado de forma global por los ingresos presupuestarios de los sucesivos impuestos y expropiaciones; de otro los beneficios en la asistencia social (por ejemplo, el 15% de los dientes de oro recuperados de los cuerpos de los judíos pasaba a la Wehrmacht para las dentaduras de sus muchachos); pero de otro, los beneficios directos a ciudadanos cercanos a los segregados y deportados: puestos de trabajo que quedaban vacantes, promociones laborales por desaparición de cuadros, subastas de sus bienes en el propio barrio, … La ruindad más cercana siempre nos desmoraliza más, quizás porque nos vemos más cerca.

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