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··········La principal sensación que me da esta película es la de cansancio. No que me canse verla, ya que me resulta simpática y más o menos me entretiene, sino que está hecha desde el cansancio o el aburrimiento.

··········Por un lado, es el decaimiento del humor habitual de Allen, que aquí aparece mucho más ocasionalmente que en otras pelis. Por poner un ejemplo, toda la historia del hombre mayor y la actriz sólo tiene gracia si uno se ríe del tipo por considerarlo patético. Yo diría que antes habría elaborado un humor que no fuera reírse de alguien, sino que hubiera situaciones y, sobre todo, diálogos graciosos causados por el patetismo. O la declaración de Sally a Greg, claramente humorizable, pero se renuncia a ello.

··········Por otro, es un tema que, tratado así, tampoco da para mucho: que construimos nuestras relaciones a menudo más sobre imágenes de los otros que sobre los otros en sí, sobre imágenes de nosotros mismos que sobre nuestra realidad y sobre imágenes de cómo son las relaciones que sobre su realidad. Demasiado complejo para una visión superficial y rápida con cuatro ejemplos.

··········Incluso hay escenas que parecen rodadas desde la distancia, sin ganas ni fuerza, y que sin embargo serían muy típicas de las que tanto nos han divertido, como la del hospital o la previa del pub sobre la identificación del comatoso. Y escenas improbables como la de los insultos de Watts a su madre con motivo del préstamo. Y una voz en off que desaparece tras la presentación para leernos una moraleja.

··········La película supera el test de Bechdel.

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