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··········La verdad es que en un primer vistazo, parece de esas películas que por su tema convocan a la lágrima obvia con demasiada facilidad. Pero bueno, no se puede negar que abre también otros temas.

··········En primer lugar, la mirada tensa, asustada y controladora sobre el diferente, y cómo en esta historia esa manera de mirar sufre una doble contradicción. Por una parte cuando las circunstancias nos igualan con el distinto, cuando es el mismo martillo el que nos golpea, es difícil no ir generando empatía. Pero por otra, cuando hay un puente desconocido, una puerta abierta al ver cómo quien consideramos de los nuestros está (residencial, sentimental, académicamente) más cerca de los otros que de lo que ha sido nuestra vida.

··········Y en segundo, la lejanía de los que en principio pueden parecer más cercanos, los descendientes directos. Los dos protagonistas se encuentran buscando a sus hijos, pero mientras en uno la lejanía tiene la lógica de no haber estado en su vida durante los quince años de su desarrollo, en la otra la lejanía, el desconocimiento, es más doloroso, al haber estado aparentemente juntas hasta hace solamente uno o dos años. La vida de los hijos conquistando una lejanía (aquí probablemente alejándose de la insularidad bloqueante y del luto perpetuado por el padre) a partir no del amable enfrentamiento, sino del secreto.

··········En fin, que temas hay. Quizás sea un poco lenta en su desarrollo. Amaga con usar la potencia simbólica de la naturaleza, pero eso queda más bien en la imagen de la asunción de la muerte por quien debe dar la orden de abatir un olmo más atacado por la grafiosis (¡ay!, nostalgia de la olma de Riocavado de la Sierra).

··········La película supera el test de Bechdtel.