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··········Lo mío con este hombre, Kore-Eda, es una ducha escocesa.

··········El tema es un planteamiento interesante (hay otras películas de muñecas hinchables, pero sólo aquí es una verdadera protagonista). Pero su desarrollo pasa a tomar enseguida un tono de fábula que le desprovee del interés de la humanización, sobre la que se pasa sin hacer más allá de alguna bromita. Luego se recupera al contar las nuevas relaciones de Nozomi con sucesivas personas, en las que se reproduce, como en su condición de muñeca, la servidumbre hacia los demás de quien sólo tiene como objetivo satisfacer, sin construirse antes como sujeto.

··········Luego una reunión con Dios / Papá, para un par de frases filosóficas. Y, película oriental al fin, una escena de delicada sangre y muerte, donde ésta procede de un malentendido verbal sobre que todos somos iguales.

··········Y no es que carezca de interés para mí. Por el contrario, la cuestión que se plantea en el poema de Yoshino Hiroshi (“La vida parece construida de forma que nadie pueda vivir solo”) me parece muy apropiada. Pero un exceso de lirismo, y mantenerse en un tono de fábula no me parece muy apropiado para hablar en serio, o, vaya, que uno es más de pueblo.

··········Al final, claro, se acaba tendiendo a la cursilería, con cuerpos marchitos, dientes de leon soplados y personas que se rehacen y se dan una oportunidad –si la merecen- conforme los vilanos vuelan hacia ellos.

··········No hay alardes de efectos especiales, todos los temas relativos al hecho de que se trata de una muñeca rellena y rellenable de aire, se resuelven de manera hogareña y con la complicidad del espectador. Y tampoco grandes preciosismos de paisajes y anocheceres.

··········La película no supera más que la primera condición del test de Bechdtel, lo que, teniendo en cuenta el tema, me parece muy significativo.

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