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··········No le veo nada sugerente más allá de la obra de Wilde. No me parece visualmente imaginativa, ni emocionantemente interpretada, ni nada así. Los diálogos que se corresponden con el texto original tienen la brillantez y el pavoneo de Wilde, pero en muchas otras escenas son por comparación muy pobres (los flirteos del bello diletante con la bella actriz son muy televisivos).

··········Aparte de ello, la modernización del tema pasa por animar el retrato (hasta con efectos sonoros como si fuera un iPad) y algunas escenas de acción un tanto cutres: lo del tiroteo es todo absurdo, desde la propia posesión de un revólver en esos años, su uso a una distancia inapropiada, el habitual descontrol en el recuento de balas y la como poco sorprendente aparición de un AVE en el metro londinense en época victoriana (porque solamente un AVE cuatro o cinco veces más rápido que los actuales podría llegar a impactar con un obstáculo en la vía antes de que llegara su sonido acercándose, en fin). Y alguna chapuza de guión como que la llave del desván se la facilite al padre de la sufragista el mayordomo despedido… que unas escenas antes no ha podido hacer pasar al huronero porque no tenía tal llave.

··········Pero en fin, lo que vale en una peli así es lo que hay detrás. Y a mí me parece un argumento brillante la cosificación no ya del mal, sino de cada uno de los malos actos en un objeto que puedas encerrar. Creo que el tema tiene enjundia e imaginación, más aún cuando el problema moral carece aquí de una visión religiosa (¡si ni hace falta diablo para vender el alma!) y tiene más carga de imagen social y de responsabilidad personal ante terceros.

··········El tema de esa cosificación / consignación de los malos actos es una idea útil para plantearse dónde está el juicio moral; esto es, si se puede apartar de la vista pública, si se pueden obviar las consecuencias personales, el juicio reside en tu interior, pero a la vez ha sido depositado ahí por ese medio social. El proceso de corrupción del joven petimetre a cargo del cínico tiene ese interés, porque su capacidad de pecar tiene la protección social que corresponde a su clase social y al mantenimiento de las formas externas; mientras eso se cumpla, se le admitirán y reirán las gracias. También tiene interés la lectura sobre la redención: ésta requiere siempre de la publicidad (sea global o al confesor), nada puede redimirse mientras los pecados permanezcan ocultos (si comprendieran eso los que vomitan bilis contra la memoria histórica y el derecho de llevar a los muertos a los cementerios…). Y podría también tener interés la cuestión de que un chaval maltratado desde su infancia difícilmente aprenderá más criterio moral que el de “que no me pillen”, pero eso no funciona al presentarnos al joven Dorian como un pánfilo angélico y no como un chico curado a golpes y desprecios.

··········Pero, en fin, todos esos temas están en la novela y apenas en la peli que, una vez hecho el planteamiento se va más a las cuestiones trilladas de amores imposibles (el amor, ¡ay!, requiere la mortalidad, la vida a plazo) y al suspense no muy trabajado.

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