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··········En mi ciudad se estrena solamente en castellano. Y de lo peor que tiene es cómo suenan los diálogos pronunciados, un doblaje feo. Pero aparte de eso es una historia tan previsible, tan tópica que no consigue ni emocionarme ni interesarme en ningún momento.

··········A base de enlazar frases y lugares comunes, los personajes quedan un poco contradictorios. El muchacho se convierte en un timidito de miradas huidizas ante una chica, cuando en la primera escena estaba follando con una en los servicios de una discoteca a la vez que quedaba con otra para horas después. El abuelo parecía estar perdiendo la cabeza hasta que (contra toda verosimilitud) el ingreso en una residencia le vuelve completamente lúcido. No creo que funcione ni el supuesto mensaje sobre lo malo que es abandonar a los ancianos en residencias.

··········Los dos jóvenes son dos sujetos egoístas con los que es difícil empatizar. La peli se llena de postalitas turísticas sobre Cadaqués y Creus (esas escenas enseñándonos locales comerciales o amables guitarristas callejeros). La niña grita como una actriz trágica (mientras se atusa el pelo, que le han dicho que lo tiene bonito) cuando al despertar en la playa no ve al abuelo al lado, que bien podría estar saludando a su próstata. La sorpresa final sobre quién escribe los anónimos es tan inverosímil como éstos. Los chicos hablan con frases pseudo filosóficas de esas que valen lo mismo para un roto que para un descosido. En fin.

··········Hay un juego de cámara (que tampoco me aporta nada, pero al menos da un tono a la peli) en la que las escenas en torno a la(s) familia(s) que son las malas se toman de forma esquinada, con mucho espejo, escorzo, desenfoque y, sobre todo, a través de ventanas.

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