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··········La sensación general es la de un telefilm, hecho sin demasiadas ganas ni ciudado. Quizás lo que más me sorprende es lo mal interpretado, una afectación y gesticulación que en algunos (justo en los personajes principales) parece casi de telenovela. Pero no es solamente eso, hay también una especie de afectación en tomas de cámara (de esas que es imposible verlas sin tener la sensación de dejá vu, como la mirada hacia el balcón desde el que cae algo en vertical, o la toma desde helicóptero en que éste se cruza con el coche que va por la carretera).

··········Todo el tiempo se está filmando como si nuestra prota estuviera en un pueblo tomado por marcianos que van a acabar con ella en cualquier momento, en vez de dejar que crezca una sensación así conforme avanza la trama. Añadamos una inverosimilitud de quien quiere poner puntos de emoción en la historia cuadren o no (nadie asiste impertérrito y con mirada inteligente a su propia ignición; nunca se permitiría que una tipa sin más relación que una antigua amistad secuestre continuamente a dos niñas menores y las aparte de la familia o los servicios sociales), algún punto mal explicado (si realmente hay un delito fiscal en las ventas de las obras del predicador, ¿por qué lo sabe ella?, ¿se investiga porque sí?, nadie parece haberse enriquecido especialmente ahí, los ricos parecende toda la vida).

··········En mi opinión no se aprovecha bien un paisaje potente (y muy sueco: azul nieve y amarillo llamas) porque se usa para postales bonitas, sin reforzar lo que podría tener de simbólico en una historia en la que la comunidad se apiña para sentirse protegida de los elementos externos.

··········El giro final de la historia no puede provocar la sorpresa, ya que las pistas (tan burdas como un paidófilo poco menos que alardeando de ello) se han colocado desde el principio. Para mí, al final, tendría más interés saber quien fue el engendrador del aborto de la prota.

··········Pese a todo, pese a que yo no lo disfrute en la peli (la novela no la he leído), diría que hay algo potente en la historia. En el funcionamiento de la religión establecida, en la necesidad de que la institución sea respetable, lo sea o no, al punto de que quienes deben ser educados en el ejemplo de ella sean quienes construyan el armazón que tape sus vergüenzas; me recordaba de alguna manera las formas en que describen los libros de texto de historia de cada país los momentos más vergonzosos de la suya.

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