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··········Comedia romántica en torno a una boda de ringorrango. Nada novedoso. Por una parte, competentemente hecha, aunque sin ninguna originalidad. Por otra, da un poco de lo que gusta de ver a los ricachones, sus lujos, sus posesiones; pero, al contrario que lo que suele suceder cuando la mirada es sobre la misma clase social en Inglaterra, aquí estos bordeleses no tienen esa capacidad verbal, esa ironía acerada en duelos que suele ser divertido presenciar.

··········Pero realmente, mucha gracia no tiene. El interés es esencialmente romántico. Nunca se busca una carcajada, y las sonrisas quedan pronto cubiertas por el almíbar. Tampoco es que sea pringosamente ñoña, pero vaya.

··········Encuentro un poco forzados algunos de los momentos. Uno en lo expresivo de una situación: el comportamiento del cura durante la boda; el otro en lo que es armar la trama del conflicto, la nota en el plato del novio, que provoca una reacción tan fuera de lugar, que es difícil mantenerse conectado. La contraparte, lo que escucha la novia al novio y a la dama de rojo, me parece mejor montado.

··········Y, en fin y a la postre (a la pièce montée), un amor constante más allás de … los años. Cierto que en una historia seria sería un mensaje tontorrón (qué hay de importante en un amor basado en el recuerdo de un polvo iniciático y primaveral salvo la nostalgia de la desaparecida juventud), pero aquí sirve para una admonición en el plan del Góngora más legible: “Por eso mozuelas locas, antes que la edad avara el rubio cabello de oro convierta en luciente plata, quered cuando sois queridas, amad cuando sois amadas…”, que a menudo es de agradecer.

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