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··········Lo primero que habría que decir, es que es una peli iraní que no parece iraní. Ni en sus personajes, ni en su trama, ni en su forma de filmar. Pero claro, eso sólo indica que yo no he visto suficiente cine persa o que el que veo es de similar escuela.

··········Aquí el planteamiento, un grupo de parejas jóvenes, con hijos pequeños que van de fin de semana y se llevan a una casi extraña con ellos, resulta muy occidental. Luego el desarrollo de la historia sí hará ver elementos que son muy importantes en la cultura islámica, pero que, en realidad, están también en la nuestra, si bien digamos que algo disminuidos en los últimos cincuenta años. Siendo parejas jóvenes, al aposentarse en la casa, inmediatamente vemos papeles distribuidos respecto a las responsabilidades de limpieza, cocina, … No tan abusivos como en la España de los años veinte, pero sí como en la de los sesenta: cuando llegue la sobremesa las mujeres fregarán mientras los chicos fuman, cuando ellos quieran hacer deporte, serán ellas las que deban controlar a los niños, etc. Pero eso no es lo importante en la historia, sino un suceso posterior, sobre el que seré indiscreto más abajo.

··········Los actores me gustan, y la luz playera. Pero lo que más, la velocidad de la cámara, en una historia coral, en la que ella se mueve como un personaje más, pero sin hacerse notar, lo que la convierte en muy informativa, y aporta emociones: dinamismo y llegado el momento, ansiedad. Tiene también uno de esos fogonazos que tanto me gustan en el cine (como lo que decía bnbb algo más abajo sobre las medemadas): el punto de transición entre un divertido y alegre fin de semana y la situación trágica, que se dispara con unos gritos de una niña, tiene un microinstante previo que no es más que un balonazo contra una pared. Un simple efecto sonoro, pero que te hace dar un brinco y te carga de adrenalina para que, con inmediatez, se desate la trama.

·········· A v i s o . d e . i n d i s c r e c i o n e s

··········Cuando se desatan los sucesos trágicos, primero del niño (qué bien filmada su búsqueda) y luego de Elly, hay dos desarrollos muy interesantes. Uno, como decía antes, sí que nos sitúa en la realidad islamista iraní. No es solamente la cuestión cultural de que una mujer comprometida hay muchas cosas que no puede hacer, sino que además eso (algo tan personal como que se haya ido de fin de semana con unas parejas sin la compañía de su novio) es denunciable ante la policía. Esa presión cultural también está en la España de los cincuenta o antes, aunque probablemente sin instituciones oficiales por medio, pero ahora nos resulta raro ver que entre un grupo de parejas jóvenes nadie pueda levantar la voz a favor del derecho de Elly a vivir un momento a espaldas de un novio con el que quiere romper. Algo similar se podría decir de que uno de los chicos pegue a su mujer: nadie lo ve bien (ni él), pero nadie tan mal como para hacer algo, porque entra dentro de lo posible y correcto.

··········El otro tema aún me interesa más: la construcción de la culpabilidad de la situación: si Elly ha muerto, quién es el culpable; si no se ha muerto, la culpable es ella ¿solamente? El juego rápido de conversaciones y mentiras es curiosísimo, para acabar depositando la culpa (me temo que si fuera obligatorio posicionarse yo estaría también ahí) sobre la manipuladora bienintencionada de las vidas ajenas. En todo caso, buena peli para discutirla después, además de estar filmada con ritmo y energía. Y, bueno, valdría la pena sólo por tener en pantalla bastantes minutos a alguien tan hermosa como Golshifteh Farahani.

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