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··········Un muchacho de diecisiete años se suicidó tras una larga serie de familias de acogida y centros de menores. Había dejado un diario escrito para su hermano, y sus últimos adoptantes le fotografiaron colgado de la soga, lo que hizo que el caso fuera conocido y diera lugar a fuertes debates en Canadá sobre procedimientos de asistencia social, y a cambios subsiguientes.

··········El mediometraje me parece discretamente correcto en la narración temporal y en las entrevistas con algunos de los sucesivos padres de acogida, con pocas dramatizaciones. Quizás un poco reiterado en un cierto tipo de imágenes de relleno (un chico paseando y jugando por idílicas praderas), aunque no se haga pesado por estar complementadas con lecturas del diario.

··········Ahora bien, la directora está en la sala, y es en el coloquio con ella cuando aparecen las claves que permiten entender la verdadera enjundia del problema: la incomprensión por parte de una sociedad occidental de que las necesidades y la socialización de los menores indios (métis en este caso) son específicas, el concepto de “madres de todos” que tiene cada madre en el asentamiento, el hecho de que las familias occidentales de acogida reciben un dinero por recoger a esos chicos indios y que, a la vez, les usan como mano de obra gratuita y no les dan la consideración de familia, el efecto sobre la pérdida de su idioma propio, la separación de hermanos, la tendencia a no considerar válidos como padres a los métis con parámetros diferentes al enjuiciamiento de los blancos en situaciones similares, etc.

··········No es que la peli, en torno a media hora, no cuente nada de esto, pero lo hace poco y dando por supuestas muchas cosas, así que sin el coloquio sólo habría sido un instrumento para empatizar con un chaval alienado.

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